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martes, 15 de diciembre de 2009

(Oración de Juan Pablo II en Guadalupe)

¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos, y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo a su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.
Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.
Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios.
Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la vida que comienza con el mismo amor con el que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, para que estén muy unidas, y bendice a la educación de nuestros hijos.
Esperanza nuestra, míranos con compasión, enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de nuestra culpas y pecados en el sacramento de la Penitencia, que trae sosiego al alma.
Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos sacramentos, que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.
Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, con nuestros corazones libres de mal y de odios, podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Mes de María

Oración Inicial
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¡Oh María! Durante el bello mes que os está consagrado, todo resuena con vuestro nombre y alabanza. Vuestro Santuario resplandece con nuevo brillo y nuestras manos os han elevado un trono de gracia y de amor, desde donde presidís nuestras fiestas y escucháis nuestras oraciones y votos. Para honraros, hemos esparcido frescas flores a vuestros pies y adornado vuestra frente con guirnaldas y coronas. Mas, ¡Oh María!, no os dais por satisfecha con estos homenajes; hay flores cuya frescura y lozanía jamás pasan y coronas que no se marchitan. Estas son las que Vos esperáis de vuestros hijos; porque el más hermoso adorno de una madre, es la piedad de sus hijos y la más bella corona que pueden deponer a sus pies es la de sus virtudes. Sí, los lirios que Vos nos pedís son la inocencia de nuestros corazones. Nos esforzaremos pues, durante el curso de este mes consagrado a vuestra gloria, ¡Oh Virgen santa!, en conservar nuestras almas puras y sin mancha y en separar de nuestros pensamientos, deseos y miradas, aun la sombra misma del mal. La rosa cuyo brillo agrada a vuestros ojos, es la caridad, el amor a Dios y a nuestros hermanos. Nos amaremos pues, los unos a los otros, como hijos de una misma familia cuya madre sois, viviendo todos en la dulzura de una concordia fraternal. En este mes bendito, procuraremos cultivar en nuestros corazones, la humildad, modesta flor que os es tan querida y con vuestro auxilio llegaremos a ser puros, humildes, caritativos, pacientes y resignados. ¡Oh María, haced producir en el fondo de nuestros corazones, todas estas amables virtudes; que ellas broten, florezcan y den al fin frutos de gracia, para poder ser algún día, dignos hijos de la más santa y de la mejor de las madres. Amén.
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Oración final
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¡Oh María, Madre de Jesús nuestro Salvador y nuestra buena Madre!, nosotros venimos a ofreceros con estos obsequios que colocamos a vuestros pies, nuestros corazones deseosos de seros agradables y a solicitar de vuestra bondad, un nuevo ardor en vuestro santo servicio.
Dignaos presentarnos a vuestro Divino Hijo, que en vista de sus méritos y a nombre de su Santa Madre, dirija nuestros pasos por el sendero de la virtud. Que haga lucir con nuevo esplendor, la luz de la fe sobre los infortunados pueblos que gimen por tanto tiempo en las tinieblas del error; que vuelvan hacia Él y cambie tantos corazones rebeldes, cuya penitencia regocijará su corazón y el vuestro.
Que convierta a los enemigos de su Iglesia y que en fin, encienda por todas partes el fuego de su ardiente caridad; que nos colme de alegría en medio de las tribulaciones de esta vida y dé esperanza para el porvenir. Amén.

domingo, 26 de octubre de 2008

Oración de Juan Pablo II por los jóvenes

"María, humilde sierva del Altísimo, el Hijo que engendraste te ha hecho sierva de la humanidad.
Tu vida ha sido un servicio humilde y generoso: has sido sierva de la Palabra cuando el Angel te anunció el proyecto divino de la salvación.
Has sido sierva del Hijo, dándole la vida y permaneciendo abierta al misterio.
Has sido sierva de la Redención, permaneciendo valientemente al pie de la Cruz, junto al Siervo y Cordero sufriente, que se inmolaba por nuestro amor.
Has sido sierva de la Iglesia, el día de Pentecostés, y con tu intercesión continúas generándola en cada creyente, también en estos tiempos nuestros, difíciles y atormentados.
A Ti, joven Hija de Israel, que has conocido la turbación del corazón joven ante la propuesta del Eterno, dirijan su mirada con confianza los jóvenes del tercer milenio.
Hazlos capaces de aceptar la invitación de tu Hijo a hacer de la vida un don total para la gloria de Dios.
Hazles comprender que servir a Dios satisface el corazón, y que sólo en el servicio de Dios y de su Reino nos realizamos según el divino proyecto y la vida llega a ser himno de gloria a la Santísima Trinidad
Amen".
(Juan Pablo II)

lunes, 20 de octubre de 2008

"Oh María, totalmente buena y llena de misericordia, Soberana, consuelo de los cristianos, el más seguro refugio de los pecadores, el más ardiente alivio de los afligidos, no nos dejes como huérfanos privados de tu socorro. Si somos abandonados por ti, ¿dónde nos refugiaremos? ¿Qué nos sucedería, oh santísima Madre de Dios? Tu eres el espíritu y la vida de los cristianos.
Así como la respiración aporta la prueba de que nuestro cuerpo posee todavía su energía viviente, así tu santísimo nombre incansablemente pronunciado por la boca de tus servidores, en todo tiempo y lugar y de toda manera, es más que la prueba, es la causa de la vida, de la alegría, del socorro para nosotros.
Protégenos bajo las alas de tu bondad.
Sé nuestro socorro por tus intervenciones. Concédenos la vida eterna, tú que eres la esperanza incomparable de los cristianos.

Yo lo sé, tú tienes en tu calidad de Madre del Altísimo un poder igual a tu querer. Por eso mi confianza en ti no tiene límites.
No hay nadie, oh Santísima, que se haya salvado, si no es por ti.
Nadie, oh Inmaculada, se ha librado del mal, si no es por ti.
Nadie, oh Purísima, recibe los dones divinos si no es por ti.
A nadie, oh Soberana, la bondad divina concede sus gracias, si no es por ti."


(San Germán)

miércoles, 15 de octubre de 2008

Oración de Entrega

“Padre, me pongo en tus manos;
Padre confío en ti;
Padre, me entrego a ti;
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo,
con tal de que tu voluntad se cumpla en mí,
y en todas tus criaturas, en todos tus hijos,
en todos aquellos que ama tu corazón.
No deseo nada más, Dios mío.
Te confío mi alma, te la doy
con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo, y para mí amarte es darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con confianza infinita,
porque Tú eres mi Padre.”

(Beato Charles de Foucauld)

domingo, 14 de septiembre de 2008

Nuestra Sra. del Perpetuo Socorro

¡Oh Santísima Virgen María!
A fin de inspirarnos entera confianza,
quisiste tomar el dulcísimo nombre de Madre del Perpetuo Socorro.
Ruego que os dignéis socorrerme en todo tiempo y lugar:
en mis tentaciones, después de mis caídas,
en mis dificultades, en todas las miserias de mi vida,
y especialmente en la hora de mi muerte.
Dadme, ¡oh misericordiosa Madre!,
el pensamiento y el hábito de recurrir constantemente a Vos,
pues estoy cierto que si os invoco con fidelidad,
no dejaréis de socorrerme.
Alcánzame, pues, esta gracia de las gracias:
la de suplicaros incesantemente con la confianza de un niño,
a fin de que, en virtud de esta oración fiel,
obtenga vuestro Perpetuo Socorro y perseverancia final.
¡Bendecidme, oh tierna y bienhechora Madre,
y rogad por mí ahora y en la hora de mi muerte!

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Oración de Juan Pablo II en Lourdes

"¡Dios te salve María, mujer pobre y humilde,
bendecida por el Altísimo!
Virgen de la esperanza, profecía de tiempos nuevos,
nos asociamos a tu himno de alabanza
para celebrar las misericordias del Señor,
para anunciar la venida del Reino y la liberación total del hombre.

¡Dios te salve María, humilde servidora del Señor,
gloriosa Madre de Cristo!
Virgen fiel, morada santa del Verbo,
enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra,
a ser dóciles a la voz del Espíritu,
atentos a sus llamamientos en la intimidad de nuestra conciencia
y a sus manifestaciones en los acontecimientos de la historia.

¡Dios te salve María, virgen dolorosa,
Madre de los vivos!
Virgen esposa ante la Cruz, nueva Eva,
sé nuestra guía por los caminos del mundo,
enséñanos a vivir y a transmitir el amor de Cristo,
enséñanos a permanecer contigo
junto a las innumerables cruces
en las que tu Hijo todavía está crucificado.

¡Dios te salve María, mujer de fe,
primera entre los discípulos!
Virgen, Madre de la Iglesia, ayúdanos a testimoniar siempre
la esperanza que nos habita,
teniendo confianza en la bondad del hombre
y en el amor del Padre.
Enséñanos a construir el mundo, desde el interior:
en lo profundo del silencio y de la oración,
en la alegría del amor fraterno,
en la fecundidad insustituible de la Cruz.


Santa María, Madre de los creyentes,
Nuestra Señora de Lourdes,
ruega por nosotros.
Amén."

(Oración de Juan Pablo II al rezar el rosario en su visita a Lourdes)

martes, 2 de septiembre de 2008

"Madre mía, Tú que eres el mayor consuelo que recibo de Dios... Tú que eres el celestial alivio que suaviza mis penas... Tú que eres la luz de mi alma cuando se ve rodeada de tinieblas... Tú que eres mi guía en mis viajes... mi fortaleza en mis desalientos... mi tesoro en mi pobreza... mi medicina en mis enfermedades y mi consuelo en mis lágrimas.
Tú que eres el refugio de mis miserias y, después de Jesucristo, la esperanza de mi salvación, atiende a mis súplicas, ten piedad de mí como Madre que eres de un Dios que tiene tanto amor a los hombres.
¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!"

("Visita al Santísimo" , San Alfonso María de Ligorio)

domingo, 24 de agosto de 2008

Salve, Reina de Misericordia

“Salve Reina de misericordia, Señora del mundo, Reina del cielo, Virgen de las vírgenes, luz de los ciegos, gloria de los justos, perdón de los pecadores, reparación de los desesperados, fortaleza de los lánguidos, salud del orbe, espejo de toda pureza.

Haga tu piedad que el mundo conozca y experimente aquella gracia que tú hallaste ante el Señor, obteniendo con tus santos ruegos perdón para los pecadores, medicina para los enfermos, fortaleza para los pusilánimes, consuelo para los afligidos, auxilio para los que peligran.

Por ti tengamos acceso fácil a tu Hijo, oh bendita y llena de gracia, madre de la vida y de nuestra salud, para que por ti nos reciba el que por ti se nos dio. Excuse ante tus ojos tu pureza las culpas de nuestra naturaleza corrompida: obténganos tu humildad tan grata a Dios el perdón de nuestra vanidad. Encubra tu inagotable caridad la muchedumbre de nuestros pecados: y tu gloriosa fecundidad nos conceda abundancia de merecimientos.

Oh Señora nuestra, Mediadora nuestra, y Abogada nuestra: reconcílianos con tu Hijo, recomiéndanos a tu Hijo, preséntanos á tu Hijo. Haz, oh Bienaventurada, por la gracia que hallaste ante el Señor, por las prerrogativas que mereciste y por la misericordia que engendraste, que Jesucristo tu Hijo y Señor nuestro, bendito por siempre y sobre todas las cosas, así como por tu medio se dignó hacerse participante de nuestra debilidad y miserias, así nos haga participantes también por tu intercesión de su gloria y felicidad.”

(San Bernardo)

miércoles, 20 de agosto de 2008

Alguien a quien amar

“Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;
cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;
cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.

Cuando sufra, dame alguien que necesite consuelo;
cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz de otro;
cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.

Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de alguno de mis minutos;
cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien;
cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.

Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite mi comprensión;
cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;
cuando piense en mí misma, vuelve mi atención hacia otra persona.

Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos,
dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día,
también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.”


(Beata Teresa de Calcuta)

domingo, 17 de agosto de 2008

Oración de la Asunción

¡Oh Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre de los hombres! Nosotros creemos, con todo el fervor de nuestra fe, en vuestra asunción triunfal en alma y cuerpo al cielo, donde sois aclamada Reina por todos los coros de los Ángeles y por toda la legión de los Santos; y nosotros nos unimos a ellos para alabar y bendecir al Señor, que os ha exaltado sobre todas las demás criaturas, y para ofreceros el aliento de nuestra devoción y de nuestro amor.

Sabemos que vuestra mirada, que maternalmente acariciaba la humanidad humilde y doliente de Jesús en la tierra, se sacia en el cielo a la vista de la humanidad gloriosa de la Sabiduría increada y que la alegría de vuestra alma, al contemplar cara a cara a la adorable Trinidad, hace exultar vuestro Corazón de inefable ternura; y nosotros, pobres pecadores, a quienes el cuerpo hace pesado el vuelo del alma, os suplicamos que purifiquéis nuestros sentidos, a fin de que aprendamos desde la tierra a gozar de Dios, sólo de Dios, en el encanto de las criaturas.

Confiamos que vuestros ojos misericordiosos se inclinen sobre nuestras angustias, sobre nuestras luchas y sobre nuestras flaquezas; que vuestros labios sonrían a nuestras alegrías y a nuestras victorias; que sintáis la voz de Jesús, que os dice de cada uno de nosotros, como de su discípulo amado: Aquí está tu hijo; y nosotros, que os llamamos Madre nuestra, os escogemos, como Juan, para guía, fuerza y consuelo de nuestra vida mortal. Tenemos la vivificante certeza de que vuestros ojos, que han llorado sobre la tierra regada con la Sangre de Jesús, se volverán hacia este mundo, atormentado por la guerra, por las persecuciones y por la opresión de los justos y de los débiles, y entre las tinieblas de este valle de lágrimas esperamos de vuestra celestial luz y de vuestra dulce piedad, alivio para las penas de nuestros corazones y para las pruebas de la Iglesia y de la patria.

Creemos, finalmente, que en la gloria, donde reináis vestida de sol y coronada de estrellas; Vos sois, después de Jesús, el gozo y la alegría de todos los Ángeles, de todos los Santos; y nosotros, desde esta tierra donde somos peregrinos, confortados por la fe en la futura resurrección, volvemos los ojos hacia Vos, vida, dulzura y esperanza nuestra. Atraednos con la suavidad de vuestra voz para mostrarnos un día, después de nuestro destierro, a Jesús, fruto bendito de vuestro seno, ¡oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!”

(Oración del Papa Pío XII, al definir el dogma de la Asunción, en noviembre del año 1950)

lunes, 21 de julio de 2008

Virgen del Carmen, Reina de Chile

¡Oh Virgen Santísima del Carmen!
Llenos de la más tierna confianza, como hijos que acuden al corazón de su madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de misericordia que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado. Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra Patria, ha sido señalaros a Vos por nuestra especial Abogada, Protectora y Reina.
Por eso a Vos clamamos en nuestros peligros y necesidades seguros de ser benignamente escuchados.
Vois sois la Madre de la Divina Gracia, conservad puras nuestras almas;
sois la Torre poderosa de David, defended el honor y la libertad de nuestra Nación;
sois el refugio de los pecadores, tronchad las cadenas de los esclavos del error y del vicio;
sois el consuelo de los afligidos, socorred a las viudas, a los huérfanos y desválidos;
sois el auxilio de los cristianos, conservad nuestra fe y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus Obispos, sacerdotes y religiosos.
Desde el trono de vuestra gloria atended a nuestras suplicas, ¡oh Madre del Carmelo!
Abrid vuestro manto y cubrid con él a ésta República.
Os pedimos el acierto de Chile, de cuya bandera Vois sois la estrella luminosa.
Os pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; la paz y piedad para los matrimonios y familias; el santo temor de Dios para los maestros; la inocencia de los niños; y para la juventud, una cristiana educación.
Apartad de nuestras ciudades los terremotos, incendios y epidemias; alejad de nuestros mares las tormentas, y dad la abundancia a nuestros campos y montañas.
Sed Vos el escudo de nuestros guerreros, el faro de nuestros marinos y el amparo de los ausentes y viajeros.
Sed el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribuladas, la protectora especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio.
¡Oídnos, pues, Reina y Madre Clementísima! y haced que viviendo unidos en la misma fe y la práctica de un mismo amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser trasladados de ésta patria terrenal a la patria inmortal del cielo, en que os alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 17 de julio de 2008

Oración al Espíritu Santo

“Espíritu Santo, eterno vínculo de amor que une al Padre con el Hijo:
mírame con amor compasivo y haz que te corresponda,
entregando todo mi ser en sacrificio silencioso,
que me llene de alegría, manifieste el amor de Dios
y me una cada vez más a Ti en unión con el Padre y el Hijo.
Te pido que mi amor crezca siempre,
tratando de amarte como Tú me amas.
Quítame el corazón de piedra, quítame el corazón endurecido;
derrite y enciende mi corazón de bronce,
quema y purifica mi carne inmortificada,
llena mi entendimiento de luces sobrenaturales,
dame un corazón nuevo, un corazón de carne, un corazón puro.
Tú que eres mi Bien Supremo y más íntimo a mí que yo mismo.
Tú, belleza ejemplar y sello de santidad,
sella mi corazón con tu imagen, sella mi corazón por tu misericordia.
Tú, Dios de mi corazón, Dios, mi herencia eterna:
haz que mi lengua sea pregonera del amor de Dios y de la gloria de Cristo."


(San Balduino de Canterbury)

lunes, 7 de julio de 2008

Por tí, María

"Dios Te salve, María, Madre de Dios, tesoro venerado de todo el universo, luz que no se apaga. De ti nació el sol de la justicia, cetro de la verdad, templo indestructible. Dios te salve María, morada de Aquél que ningún lugar contiene, tú que hiciste crecer una espiga que no se marchitará nunca.

Por ti los pastores alabaron a Dios, por ti es bendecido, en el Evangelio, el que viene en nombre del Señor. Por ti la Trinidad es glorificada, por ti se adora la Cruz en el mundo entero. Por ti exultan los cielos, por ti la humanidad caída fue reedificada.

Por ti el mundo entero finalmente conoció la Verdad. Por ti se fundaron iglesias en toda la tierra. Por ti el Hijo único de Dios hizo resplandecer su luz sobre los que permanecían en la oscuridad, bajo la sombra de la muerte. Por ti los apóstoles pudieron anunciar la salvación a las naciones. ¿Cómo cantar dignamente tu alabanza, ¡oh Madre de Dios!, por quien la tierra entera se estremece de júbilo?"

(San Cirilo de Alejandría)

jueves, 12 de junio de 2008

"Fuerza para buscarte"

"Señor y Dios nuestro,
nuestra única esperanza,
no permitas que dejemos de buscarte por cansancio,
sino que te busquemos siempre
con renovada ilusión.
Tú, que hiciste que te encontráramos
y nos inculcaste ese afán por sumergidos
más y más en ti,
danos fuerza para continuar en ello.
Mira que ante ti están nuestras fuerzas
y nuestra debilidad.
Conserva aquellas, cura ésta.
Mira que ante ti están nuestros conocimientos
y nuestra ignorancia.
Allí donde nos abriste,
acógenos cuando entremos.
Y allí donde nos cerraste
ábrenos cuando llamemos.
Haz que nos acordemos de ti,
que te comprendamos,
que te amemos.
Acrecienta en nosotros estos dones
hasta que nos trasformemos completamente
en nuevas criaturas."

(San Agustín)

martes, 10 de junio de 2008

Oración del "Fiat"

Santa María, madre mía,
ayúdame a esforzarme
según el máximo de mi capacidad

y al máximo de mis posibilidades
para así responder al Plan de Dios
en todas las circunstancias concretas de mi vida. Que así sea.

domingo, 8 de junio de 2008

"Tarde te amé..."

"Tarde te amé, Dios mío,
hermosura siempre antigua y siempre nueva, tarde te amé.
Tú estabas dentro de mí y yo afuera
y así por fuera te buscaba y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas hermosas que Tú creaste.
Tú estabas conmigo pero yo no estaba contigo.
Me llamaste y clamaste y quebrantaste mi sordera;
brillaste y resplandeciste y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume y lo aspiré y ahora te anhelo;
gusté de Ti y ahora siento hambre y sed de Ti.
¡Ay de mí, Señor! ¡Ten misericordia de mí!
Yo no te oculto mis llagas.
Tú eres médico y yo estoy enfermo;
Tú eres misericordioso y yo soy miserable.
Toda mi esperanza estriba en tu muy grande misericordia.
Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras".

(San Agustín)

jueves, 29 de mayo de 2008

Nada iguala a María

"Nada iguala a María.
Nada, si no es Dios, es más grande que María.

Y Dios dio a María
a su mismo Hijo, igual que Él...
Así que es Hijo de Dios y de María.

La naturaleza entera fue creada por Dios,
y Dios nació de María.
Dios lo creó todo
y María engendró a Dios.

Aquel que pudo hacer todas las cosas de la nada
no quiso rehacer sin María
lo que fue deshonrado.

Dios engendró a Aquél por quien todo fue hecho,
y María dio a luz a Aquél
sin el cual absolutamente nada está bien.

Nada iguala a María."

(San Anselmo de Canterbury)

sábado, 24 de mayo de 2008

Jóvenes a María

Acto de Consagración de los Jóvenes a María
(Juan Pablo II, Jornada Mundial de la Juventud, 2003)

«Ahí tienes a tu madre» (Juan 19, 27)
Fue Jesús, Virgen María
quien desde la cruz nos quiso entregar a ti,
no para atenuar sino para confirmar
su papel exclusivo de Salvador del mundo.
Si en el discípulo Juan,
te fueron confiados todos los hijos de la Iglesia
con más motivo me agrada el confiarte a ti, María,
los jóvenes del mundo.
A ti, dulce Madre,
cuya protección siempre he experimentado,
en esta tarde los vuelvo a confiar de nuevo.
Bajo tu manto, en tu protección,
ellos buscan refugio.
Tú, Madre de la divina gracia,
¡hazles resplandecer con la belleza de Cristo!
Los jóvenes de este siglo, en la aurora del nuevo milenio,
viven todavía los tormentos derivados del pecado,
del odio, de la violencia, y de la guerra.
Son también ellos los jóvenes
a los que la Iglesia mira con confianza
consciente de que con la ayuda de la gracia de Dios
lograrán creer y vivir como testigos del Evangelio
en el hoy de la historia.
María, ayúdales a responder a su vocación.
Guíales al conocimiento del auténtico amor
y bendice sus afectos.
Apóyales en el momento del sufrimiento.
Hazles mensajeros intrépidos del saludo de Cristo:
¡la paz esté con vosotros!
Con ellos, también yo me encomiendo una vez más a ti
y con afecto confiado te repito:
«Totus tuus ego sum!»
¡Soy todo tuyo!
Y también, cada uno de ellos, conmigo te grita:
«Totus tuus! Totus tuus!»

domingo, 18 de mayo de 2008

María Mírame

"... Madre mía querida y muy querida!
Ahora que ves en tus brazos
A ese bello y tierno niño
No te olvides de este siervo tuyo,
Aunque sea por compasión mírame,
Ya sé que te cuesta apartar los ojos de Jesús.
Para ponerlos en mis miserias,
Pero Madre si tu no me miras,
¿cómo se disiparán mis penas?
Si tu no te vuelves hacia mi rincón
¿quién se acordará de mi?
Si tu no me miras,
Jesús que tiene sus ojitos clavados en los tuyos,
No me mirará:
Si tu me miras Él seguirá tu mirada y me verá
Y entonces con que le digas
¡Qué pena! Necesita nuestra ayuda:
y Jesús me atraerá a sí y me bendecirá
y lo amaré y me dará fuerza y alegría
y confianza y desprendimiento
y me llenará de su amor y de tu amor
y trabajaré mucho por El y por Ti
y haré que todos te amen
y amándote se salvarán..."
(San Alberto Hurtado)