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martes, 20 de julio de 2010

Pensamientos Marianos de San Rafael Arnáiz

“Llevo un mundo dentro de mí tan grande, y sin embargo, tan sencillo; no consiste más que en un amor muy grande a Jesús y una ternura infinita a María, ¿qué más puedo desear?”

“No te preocupes de las borrascas ni de las tormentas, ¿no tienes a María?”

“Me he propuesto que ames mucho a la Señora porque veo que es lo primero que tienes que hacer para ser santo y como te falta mucho, ese es el medio más rápido para empezar a amar a Dios: amar a su Madre.”

“La Virgen, desde el cielo nos mira…, ve nuestras faltas y miserias, pero si al mismo tiempo ve nuestro amor, todo lo barre y hace que nuestras débiles súplicas se presenten fervorosas a Dios.”

“Nadie sabe lo que es un Trapense loco y chiflado de amor a Dios y a la Virgen.”

“Creo que no hay temor en amar demasiado a la Virgen. Creo que todo lo que en la Señora pongamos, lo recibe Jesús ampliado. Yo creo que al amar a María, amamos a Dios, y que a Él no se le quita nada, sino todo lo contrario.”

“¡María!... ¿quién mejor que Ella para comprender, para ayudar, para consolar, para fortalecer?”

“Quisiera, Señor, mirar solamente al cielo, donde Tú me esperas, donde está María, donde están los santos y los ángeles bendiciéndote por una eternidad.”

“En la infinita misericordia de Dios quedan ocultas nuestras miserias, olvidos e ingratitudes. En su cruz… el consuelo que en nuestras penas nos niegan muchas veces los hombres. En su evangelio la única Verdad… Y en su Madre María, todo lo demás; ¿te parece poco?”

“¡Es tan buena la Virgen María! No hay pena que Ella no dulcifique, no hay alegría que Ella no santifique.”

“¡Qué bien conoce Dios el corazón del hombre, pequeño y asustadizo! ¡Qué bien conoce nuestra miseria, que nos pone ese puente que es María! ¡Qué bien hace el Señor las cosas!”

“Tú dices muchas veces «Todo por Jesús», ¿por qué no añades: «Todo por Jesús, y a Jesús por María»?”

“Honrando a la Virgen, amaremos más a Jesús. Poniéndonos bajo su manto, comprenderemos mejor la misericordia divina. Invocando su nombre, parece que todo se suaviza. Y poniéndola como intercesora, ¿qué no conseguiremos de su Hijo Jesús?”

“La Virgen os quiere mucho, no os preocupéis.”

(La Virgen Madre, Fray Mª Rafael Arnáiz)

martes, 10 de noviembre de 2009

Amigos de Jesús y de María

Es imposible que encuentren amigos más fieles y poderosos en el cielo y sobre la tierra que Jesús, Rey de los ángeles, y que María, nuestra Señora y Reina del cielo. Si aman a Jesús, tomen su cruz, abrácenla y no la abandonen hasta que no estén junto a Jesús, verdadera luz, quien dijo: “El que me sigue no camina en tinieblas”. Si desean ser consolados en cualquier tribulación, acérquense a María, Madre de Jesús, que está de pie junto a la cruz, dolorida y bañada en lágrimas, y todo lo que los oprime se disipará o se volverá más soportable. Antes de morir, elijan a esta benignísima Madre de Jesús por encima de todos los parientes y de todos los amigos, como su Madre y Abogada; y salúdenla frecuentemente con el Ave María, que tan grata le es.

Si el enemigo maligno los tienta y les impide invocar a Dios y a María, no se preocupen y no dejen de alabarlos y de rezar; pero con más fervor invoquen a María, saluden a María, piensen en María, nombren a María, honren a María, inclínense ante María, recomiéndense a María. Permanezcan en casa con María; guarden silencio con María, disfruten con María; sufran con María, trabajen con María; velen con María, oren con María; caminen con María, estén sentados con María; busquen a Jesús con María, estrechen entre sus brazos a Jesús con María. Vivan en Nazaret con Jesús y María, vayan a Jerusalén con María, estén junto a la cruz de Jesús con María, lloren con María; sepulten a Jesús con María, resuciten con Jesús y con María, suban al cielo con Jesús y con María; anhelen vivir con Jesús y con María.

Si meditan bien estos temas, hermanos, y si deciden ponerlos en práctica, el diablo huirá a la vista de ustedes, que progresarán en la vida espiritual. María, en su clemencia, rogará gustosamente por ustedes; y Jesús la escuchará de muy buena gana, por el respeto que tiene por la Madre. Es muy poca cosa lo que llevamos a cabo. Pero si nos acercamos al Padre por medio de María y de su Hijo Jesús, obtendrNegritaemos misericordia y gracia en la tierra, y también gloria sin fin con ellos en el cielo.

Feliz el alma devota que en esta tierra tenga a Jesús y a María como íntimos amigos: comensales a la hora de comer, compañeros en los viajes, solícitos en la necesidad, consoladores en los sufrimientos, consejeros en las incertidumbres, auxiliadores en los peligros y en el momento de la muerte. Dichoso el que se considera peregrino en esta tierra y estima como la máxima alegría tener de huéspedes a Jesús y María en lo profundo de su corazón.

(Imitación de María, Tomás de Kempis)

jueves, 1 de octubre de 2009

Por qué te amo, María

Cantar, Madre, quisiera: ¡por qué te amo, María!,
por qué tu dulce nombre de alegría estremece
mi corazón, por qué de tu suma grandeza
la idea no le inspira temores a mi mente.
Si yo te contemplase en tu sublime gloria
eclipsando el fulgor de todo el cielo junto,
no podría creer que yo soy hija tuya;
bajaría los ojos sin mirar a los tuyos.

Para que un niño pueda a su madre querer,
debe ella compartir su llanto y sus dolores.
¡Madre mía querida, para atraerme a ti,
pasaste en esta vida amargos sinsabores…!
Contemplando tu vida según los Evangelios,
ya me atrevo a mirarte y hasta a acercarme a ti;
y me resulta fácil creer que soy tu hija,
pues te veo mi igual en sufrir y morir…

Cuando un ángel del cielo te ofrece ser la Madre
del Dios que vive y reina toda la eternidad,
me admira que prefieras, María, ¡qué misterio!,
el tesoro inefable de la virginidad.
Comprendo que tu alma, Virgen Inmaculada,
le sea a Dios más amada que su eterna mansión,
comprendo que tu alma, humilde y dulce Valle,
contenga a mi Jesús, ¡Océano de amor…!

¡Oh, Madre muy amada, pese a mi pequeñez,
como tú yo poseo en mí al Omnipotente!
Mas no tiemblo de espanto al mirar mi flaqueza:
de la Madre el tesoro a la hija pertenece,
y yo soy tu hija, ¡oh mi Madre adorada!
tus virtudes, tu amor, ¿no están entre mis bienes?
Cuando a mi corazón desciende Jesús-Hostia,
¡cree posar en ti tu Cordero inocente…!

Tú me haces comprender que no es cosa imposible
caminar tras tus huellas, oh Reina de los santos;
al practicar tú siempre las virtudes humildes,
el camino del cielo dejaste iluminado.
Quiero ante ti, María, permanecer pequeña,
es pura vanidad lo grande de aquí abajo;
al verte visitar a tu prima Isabel,
aprendo caridad ardiente en sumo grado.

Puesto que el Rey del cielo quiso ver su Madre
sumergida en la noche y en la angustia del alma,
María, ¿es, pues, un bien sufrir en la tierra?
Sí, ¡sufrir aquí amando es la dicha más santa…!
Puede tomar de nuevo Jesús lo que me ha dado,
dile que no se enfade jamás conmigo en nada…
Si se quiere ocultar, me resigno a esperarle
hasta el día sin noche en que la fe se apaga...

A la espera del cielo, ¡oh, mi querida Madre!,
quiero vivir contigo, seguirte cada día,
y, en tanto te contemplo, yo me engolfo extasiada
y en tu corazón hallo de amor inmensas simas.
Tu mirada materna disipa mis temores
y me enseña a llorar y a gozar me adoctrina.
Y en vez de despreciar los goces puros, santos,
los quieres compartir, bendecirlos te dignas.

(...) Tú me apareces, Virgen, en lo alto del Calvario,
de pie junto a la Cruz, cual preste ante el altar,
ofreciendo a Jesús, tu Hijo, el Emmanuel,
a fin de la justicia de su Padre aplacar…
Un profeta dijo, ¡oh, Madre desolada!:
«¡No hay dolor que se pueda al tuyo comparar!»
¡Oh, Reina de los mártires!, ¡desterrada prodigas
por nosotros tu sangre, corazón maternal!

(...) Yo escucharé muy pronto esa dulce armonía,
iré muy pronto a verte en el hermoso cielo.
Pues viniste a sonreírme de mi vida en la aurora,
¡sonríeme en la tarde..., que ya va oscureciendo!
No temo el resplandor de tu gloria suprema,
he sufrido contigo y ahora yo deseo
cantar en tus rodillas, María, porque te amo,
¡y repetir por siempre que soy tu hija, quiero…!

(Santa Teresita de Lisieux)

miércoles, 1 de julio de 2009

“A tu madre, Señor nuestro, nadie sabe cómo llamarla;
que si uno la llama virgen, ahí está su hijo;
y si casada, ningún hombre ha conocido.
Si hasta tu madre es inabarcable, ¿quién podrá abarcarte a Ti?

(...) ¡Tu madre es un prodigio!
Entró el Señor a ella, y se volvió siervo;
entró el Verbo, y se quedó mudo en ella;
entró el Trueno, y acalló su voz;
entró el Pastor de todos, y se volvió en ella Cordero.

El seno de tu madre ha trastocado los órdenes.
El que dispone todas las cosas, entró siendo rico, y salió pobre;
entró a ella ensalzado, y salió humilde;
entró a ella resplandeciente, y se vistió para salir de pálidos colores.

Entró el héroe, y se revistió de temor en su interior;
entró el que a todos provee, y adquirió hambre;
el que a todos da de beber, y adquirió sed;
desnudo, despojado, salía de ella quien todo lo reviste.”

(San Efrén)

viernes, 8 de mayo de 2009

Por exceso de caridad hacia los hombres, Dios, desde su omnipotente grandeza se humilla a la ínfima condición humana, vive entre los hombres como uno de ellos, les habla como amigo, enseña a las personas y a las multitudes, a todos se acerca benéfico; compasivo como padre; cura a los que sufren de los males del cuerpo, y más todavía, les remedia los del alma, diciéndoles: Venid a Mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que Yo os aliviaré. Y cuando nos estrecha sobre su Corazón y descansamos en Él, nos infunde aquel místico fuego que le trajo del cielo a la tierra, nos comunica piadoso la mansedumbre y humildad que en Él atesora, para que gocen nuestras almas de aquélla paz celestial que sólo Él puede y quiere darnos: Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis el reposo para vuestras almas.
Con tanta luz de celestial sabiduría, con tan grandes beneficios como venía a hacer a los hombres, no solamente no consigue su amor, sino se atrae el odio, la injusticia y la crueldad humanas, y, derramada toda su Sacratísima Sangre, expira clavado en una cruz, aceptando gustoso la muerte para dar vida a los hombres. Al recordar memorias tan tiernas, no es posible que el cristiano no se sienta hondamente conmovido de gratitud hacia su amantísimo Redentor; y el ardor de la fe, que ilumina el entendimiento del hombre y le toca el corazón, le encenderá a seguir sus huellas hasta prorrumpir en aquélla protesta tan digna de un San Pablo: ¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿Será la tribulación? ¿o la angustia? ¿o el hambre? ¿o la desnudez? ¿o el riesgo? ¿o la persecución? ¿o la espada? Yo vivo, o más bien no soy yo el que vivo, sino que Cristo vive en mí.

Para que la humana flaqueza no se acobarde con los altísimos ejemplos del Hombre-Dios, se nos ofrece a la vez la contemplación de los de su Santísima Madre, que aunque nacida de la regia estirpe de David, nada le queda del esplendor y riquezas de sus mayores. Vive ignorada en humilde ciudad, y en casa más humilde todavía, contenta con su pobreza y soledad, en que su alma puede más libremente elevarse a Dios, su amor y suma delicia. Pero el Señor es con ella y la llena y hace dichosa con su gracia; y de ella deberá nacer en carne humana por obra del Espíritu Santo, el esperado Redentor de las gentes. A tanta exaltación, cuanto mayor es su asombro y más engrandece al Señor, tanto más profundamente se humilla, recogiéndose dentro de sí misma; y mientras queda hecha Madre de Dios, ante Él se confiesa y ofrece devotísima esclava suya.
Será Reina del cielo y de la tierra, de los ángeles y de los hombres, porque será Reina de los mártires. Se sentará en la celestial Jerusalén al lado de su Hijo, ya que constante en toda la vida y singularmente en el Calvario, bebiera con Jesús el amarguísimo cáliz de la Pasión. Ved pues, cómo la Bondad y la Providencia divinas nos muestran en María el modelo de todas las virtudes, formado expresamente para nosotros; y al contemplarla y considerar sus virtudes, ya no nos sentimos cegados por el esplendor de la infinita majestad, sino que, animados por la identidad de naturaleza, nos esforzamos con más confianza en la imitación.

Si implorando su socorro nos entregamos por completo a esta imitación, nos será posible reproducir en nosotros mismos algunos rasgos de tan gran virtud y perfección, y, copiando siquiera su completa y admirable resignación con la voluntad divina, podemos seguirla por el camino del cielo. Al cielo peregrinamos, y por áspero y lleno de tribulaciones que el camino sea, no dejemos, en las molestias y fatigas, de tender suplicantes nuestras manos hacia María y de decirle con palabras de la Iglesia: A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas... Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos... Danos una vida pura; ábrenos seguro camino, para que viendo a Jesús nos alegremos eternamente.

(Carta Encíclica Magnae Dei Matris, León XIII)

martes, 16 de diciembre de 2008

La devoción a María

"Yo quisiera que todos los cristianos tuvieran hambre y sed de esta devoción. Amad, amigo mío, amad, y amad muchí­simo, a María.

Y para que suba más de punto vuestra devoción, os diré que debemos amar a María Santísima: 1° Porque Dios lo quiere. 2° Porque ella lo merece. 3° Porque nosotros lo necesitamos, por ser ella un poderosísimo medio para obtener todas las gracias corporales y espirituales y, finalmente, la salud eterna.

El eterno Padre la escogió por Hija suya muy amada; el Hijo eterno la tomó por Madre, y el Espíritu Santo, por Esposa; toda la Santísima Trinidad la ha coronado por Reina y Emperatriz de cielos y tierra y la ha constituido despensera de todas las gracias.

Debemos amar a María porque su devoción es un medio poderosísi­mo para alcanzar la salvación. María puede salvar a sus devotos, porque es la puerta del cielo; María quiere, porque es la madre de misericordia; María lo hace, porque ella es la que obtiene la gracia justificante a los pecado­res, el fervor a los justos y la perseverancia a los fervorosos; por esto, los Santos Padres la llaman la rescatadora de los cautivos, el canal de la gracia y la despensera de las misericor­dias. Por esto se ha dicho que el ser devoto de María es una señal de predestinación, así como es una marca de reprobación el no ser devoto o adverso de María.

La razón es muy clara. Nadie se puede salvar sin el auxilio de la gracia que viene de Jesús, como cabeza que es de la Iglesia o cuerpo, y María es como el cuello que junta, por decirlo así, el cuerpo con la cabeza; y así como el influjo de la cabeza al cuerpo ha de pasar por el cuello, así, pues, las gracias de Jesús pasan por María y se comunican al cuerpo o a los devotos, que son sus miembros vivos: In Christo fuit plenitudo gratiae sicut in capite fluente; in Maria sicut in collo transfundente.

En María, después de Jesús, hemos de poner toda nuestra confianza y esperanza de nuestra eterna salvación.
¡Oh!, dichoso el que invoca a María con confianza, que él alcanzará el perdón de sus pecados, por muchos y por graves que sean; alcanzará la gracia y, finalmente, ¡la gloria del Cielo!"

(Carta a un devoto del Corazón de María, de San Antonio María Claret)

domingo, 2 de noviembre de 2008

La mediación de María

Unico es nuestro Mediador según la palabra del Apóstol: "Porque uno es Dios y uno el Mediador de Dios y de los hombres, un hombre, Cristo Jesús, que se entregó a Sí mismo como precio de rescate por todos" (1 Tim 2,5-6). Pero la misión maternal de María hacia los hombres, de ninguna manera obscurece ni disminuye esta única mediación de Cristo, sino más bien muestra su eficacia. Porque todo el influjo salvífico de la Santísima Virgen en favor de los hombres no es exigido por ninguna ley, sino que nace del Divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, de ella depende totalmente y de la misma saca toda su virtud; y lejos de impedirla, fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo.

(Lumen Gentium, n°60)

lunes, 21 de julio de 2008

Ingrid Betancourt: "Es un milagro de la Virgen"

Rezo del Rosario jugó papel vital en rescate de secuestrados colombianos.
El rezo del Rosario, que desde hace años impulsan numerosas organizaciones católicas y que el Presidente Álvaro Uribe ha convertido en práctica característica de su Gobierno, es para cada vez más colombianos el secreto detrás del nuevo momento que atraviesa el país y el "arma secreta" que permitió el reciente rescate sin un solo tiro de 15 secuestrados en poder de las FARC.
Según Lidia Ríos, representante de la Legión de María en Medellín, son miles los colombianos que desde hace tres años rezan el Rosario por la liberación de los numerosos secuestrados que la guerrilla mantiene en cautiverio.
"Todos hemos rezado mucho al Señor y a la Santísima Virgen para que está liberación tuviera el éxito que tuvo, y no nos hemos quedado tranquilos sino que seguimos orando y seguiremos orando por esta intención", señaló Ríos a ACI Prensa a propósito de las declaraciones del mandatario, quien poco después del rescate de los rehenes, incluyendo a la política Ingrid Betancourt, aseguró que "el operativo tuvo la luz del Espíritu Santo, la protección de nuestro Señor y de la Virgen en todas sus expresiones".
Según Ríos, el éxito que Uribe está logrando contra la violencia en Colombia obedece "a esa devoción y esa entrega que tiene a Jesús y María" y si se ha salvado de enemigos y atentados es gracias a que "el Señor y la Virgen lo han librado y lo siguen acompañando, porque él constantemente los invoca y está trabajando de la mano de la Iglesia".
"Gracias a Dios estamos empezando a ver una luz en Colombia, y eso es lo que creen todos los secuestrados que han sido liberados", indicó Ríos.
En efecto, la propia Ingrid Betancourt que se confesaba católica no practicante antes de su secuestro, declaró a la prensa que su rescate es un milagro de la Virgen. "Estoy convencida de que esto es un milagro de la Virgen. Para mí, su mano en todo este suceso es algo muy claro", declaró luego de seis años en manos de las FARC.
Clara Rojas, su ex compañera de labor política que la acompañó en el secuestro y fue liberada hace unos meses, declaró a la prensa que "durante el secuestro, nos encomendamos mucho a ella, le rezamos mucho el rosario y hablamos de que, cuando saliéramos, le íbamos a dar las gracias".

sábado, 5 de julio de 2008

Madre de Misericordia

Misericordia es una palabra compuesta. Viene de miser: miserable y cordia: corazón. Así pues, significa amor a los miserables. María es Madre de Misericordia porque tiene amor a los miserables, y mientras más miserables seamos, más debemos tener esperanza en la misericordia de Ella. Tanto es así su amor, que San Luis María decía que si juntáramos el amor de todas las madres; desde Eva, la primera que hubo, hasta la última que habrá, por un solo hijo, no daría ni la sombra del amor que tiene la Santísima Virgen por cada uno de nosotros. Ella Misma en Fátima decía a los pastorcitos: “¡Si supierais cuánto os amo, lloraríais de gozo!”

“Pero ¿cómo puedes, oh María –le pregunta san Bernardo-, negarte a socorrer a los miserables cuando eres la reina de la misericordia? ¿Y quiénes son los súbditos de la misericordia sino los miserables? Tú eres la reina de la misericordia, y yo, el más miserable pecador, soy el primero de tus vasallos. Por tanto reina sobre nosotros, oh Reina de la Misericordia”.

domingo, 29 de junio de 2008

Yo ¿para qué nací?

Yo ¿para qué nací? Para salvarme.
Que tengo de morir es infalible.
Dejar de ver a Dios y condenarme,
Triste cosa será, pero posible.
¿Posible? ¿Y río, y duermo y quiero holgarme?
¿Posible? ¿Y tengo amor a lo visible?
¿Qué hago?, ¿en qué me ocupo?, ¿en qué me encanto?
¡Loco debo de ser, pues no soy santo!

(Lope de Vega)

sábado, 28 de junio de 2008

Omnipotencia suplicante

Se dice que María es la Omnipotencia suplicante porque, si bien no tiene poder que le venga de sí misma, no hay nada que no pueda obtener de Dios. Jesús jamás desatiende sus súplicas, y Ella jamás deja de atender a quien a Ella acude.

En una oportunidad, durante un exorcismo, el mismo Satanás confesó a Santo Domingo que si todos los santos, mártires, vírgenes, doctores y ángeles juntando sus méritos pidieran por un pecador a Dios, no obtendrían su conversión, pero un sólo suspiro de María bastaba para arrancarle millones de almas.

Por eso San Luis María atina a decir: “...al poder de la Virgen todo está sujeto, incluso Dios.” Esto no porque María sea superior a Dios, sino porque no hay nada que Dios quiera negarle a su humildísima Madre.

"Madre mía, quien reza sin contar contigo es como quien pretende volar sin alas..."

martes, 10 de junio de 2008

Saber vivir

"Felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse.
Felices los que saben distinguir una montaña de una piedrita, porque evitarán muchos inconvenientes.
Felices los que saben descansar y dormir sin buscar excusas, porque llegarán a ser sabios.
Felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas.
Felices los que son suficientemente inteligentes para no tomarse en serio, porque serán apreciados por quienes los rodean.
Felices los que están atentos a las necesidades de los demás sin sentirse indispensables, porque serán fuentes de alegría.
Felices ustedes que saben callar, y ojalá cuando se les quita la palabra, se los contradice o cuando les pisan los pies, porque el evangelio comienza a penetrar su corazón.
Felices ustedes cuando sepan mirar seriamente a las cosas pequeñas y tranquilamente a las cosas importantes: llegaran lejos en esta vida.
Felices ustedes cuando sepan apreciar una sonrisa y olvidar un desaire: vuestro camino estará lleno de sol.
Felices los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar: evitaran muchas tonterías.
Felices si son capaces de interpretar siempre con benevolencia las actitudes de los demás aún cuando las apariencias sean contrarias. Pasarán por ingenuos: es el precio de la caridad.
Felices, sobre todo, ustedes, si saben reconocer al Señor en todos los que encuentren, entonces habrán hallado la paz y la verdadera sabiduría."
(Santo Tomás Moro)

viernes, 16 de mayo de 2008

Nada más grato a Jesucristo

“La Bienaventurada Virgen María, en cuanto es Madre de Dios, posee cierta dignidad infinita, por ser Dios un bien infinito. (…) posee una excelencia superior a la de todos los ángeles, más aún de los serafines y querubines. Es Madre de Dios, luego es purísima y santísima, y tanto que después de Dios, no puede imaginarse mayor pureza y santidad. (…) ¿Por qué pues, los novadores y no pocos católicos censuran nuestra devoción a la Virgen Madre de Dios, como si le tributásemos un culto que sólo a Dios es debido? ¿No saben éstos y no consideran que nada puede ser más grato a Jesucristo, cuyo amor a su Madre es sin duda tan encendido y tan grande, que el que la veneremos conforme a sus méritos y ejemplo y procuremos conciliarnos a su poderoso auxilio?”

(Pío XI, Encíclica “Lux veritatis”)

jueves, 8 de mayo de 2008

La era de María (Pío XII)

"¿Podemos llamar de otra manera al tiempo, a la época en que vivimos, que tiempo y época de la Virgen Nuestra Señora? ¿No veis en el mundo entero qué lección de amor, de fervor extraordinario, íbamos a decir de santa locura, por la Madre de Dios, por la Medianera de todas las Gracias, por la Corredentora del género humano, por la divina gobernadora, por la que tiene las llaves de toda gracia, de todo don perfecto, de todo bien que desciende del cielo? Lo que siempre ha sido verdad, lo que siempre ha sido un dogma católico, se vive ahora más que nunca; es la palpitación de millones de hijos de la Virgen María que la aman, que la veneran, es el triunfo en todas las naciones de Nuestra Señora... porque Ella ha querido aparecerse recientemente; es Nuestra Señora de Fátima y Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora de Lourdes, y Nuestra Señora del Pilar; es la Virgen María, es la Madre de Dios, sea cual sea el título con que se la invoque; es aquella a quién aman los cristianos, a quien se encomiendan los católicos, a quien aclaman hasta el delirio las muchedumbres de cristianos del mundo entero. ¡Es la era de la Virgen María!"

(Pío XII, 1949)

miércoles, 30 de abril de 2008

Cosas de Mamá...

Se cuenta que San Pedro, muy preocupado al notar la presencia de algunas almas a las cuales no recordaba haberlas hecho pasar al cielo, se puso a investigar y encontró un lugar por donde entraban.
Fue entonces ante el Señor y le dijo: - Señor Jesús, habiendo observado que hay aquí algunas almas a las que no recuerdo haberles abierto las puertas para que entraran a gozar de la eterna felicidad, hice algunas investigaciones y hallé un hueco por donde entran.Yo quisiera que lo vieras..........
Aceptó Jesús acompañarlo y vio que del hoyo descubierto colgaba hacia la tierra un inmenso Rosario, por donde constantemente subían almas. Alarmado, le dijo San Pedro: - Creo, Señor, que debemos cerrar esa entrada de....
-NO, NO – le respondió Jesús - ¡DEJALO ASÍ!... ESAS SON COSAS DE MAMÁ...

martes, 29 de abril de 2008

El "SI" de María


Anunciacion (25 de marzo)
Lc 1, 26-38
Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;
vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»
El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.
Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,
porque ninguna cosa es imposible para Dios
Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

Muchas veces hemos oído esta lectura, pero, le hemos tomado el “peso”?
Si nos fijamos bien, gracias a una palabra tan simple que la Virgen dijo, Dios pudo mandar a su Hijo al mundo. El SI de María no fue un si cualquiera, no fue un si “de pasada”… fue un SI de amor, fue un SI de entrega.
El Papa Benedicto XVI nos dice:
“…La Anunciación, narrada al inicio del Evangelio de san Lucas, es un acontecimiento humilde, escondido --nadie lo vio, sólo lo presenció María--, pero al mismo tiempo decisivo para la historia de la humanidad. Cuando la Virgen pronunció su «sí» al anuncio del ángel, Jesús fue concebido y con Él comenzó la nueva era de la historia, que después sería sancionada en la Pascua como «nueva y eterna Alianza»”
María nos invita a decirle a Dios “SI”… nos invita a entregarnos a Él completamente y sin miedo. Digo miedo porque pensamos que entregarnos a Él significa entrar a un seminario o convento. Estamos errados en ese pensamiento, ya que, hay grandes santos (Santa Mónica, madre de San Agustín por ejemplo) que se entregaron a Dios y no tuvieron que ingresar a un seminario o convento. No tengamos miedo de lo que Dios quiere de nosotros!! El Papa Benedicto XVI nos dice: "No tengais miedo de Cristo, Él no quita nada y lo da todo”.
Los invito a todos a entregarle nuestra vida a Jesús y a repetir con María y sin miedo “ He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tú palabra”