martes, 10 de junio de 2008

Oración del "Fiat"

Santa María, madre mía,
ayúdame a esforzarme
según el máximo de mi capacidad

y al máximo de mis posibilidades
para así responder al Plan de Dios
en todas las circunstancias concretas de mi vida. Que así sea.

lunes, 9 de junio de 2008

Contemplar con María el rostro de Cristo

"Recitar el Rosario es, en realidad, contemplar con María el rostro de Cristo. Es como ir a la 'escuela' de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje.

La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. Nadie se ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo. Los ojos de su corazón se concentran de algún modo en Él ya en la Anunciación, cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo; en los meses sucesivos empieza a sentir su presencia y a imaginar sus rasgos. Cuando por fin lo da a luz en Belén, sus ojos se vuelven también tiernamente sobre el rostro del Hijo, cuando lo «envolvió en pañales y le acostó en un pesebre».

Desde entonces su mirada, siempre llena de adoración y asombro, no se apartará jamás de Él. Será a veces una mirada interrogadora, como en el episodio de su extravío en el templo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?»; será en todo caso una mirada penetrante, capaz de leer en lo íntimo de Jesús, hasta percibir sus sentimientos escondidos y presentir sus decisiones, como en Caná; otras veces será una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz, donde María no se limitará a compartir la pasión y la muerte del Unigénito, sino que acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a Ella; en la mañana de Pascua será una mirada radiante por la alegría de la resurrección y, por fin, una mirada ardorosa por la efusión del Espíritu en el día de Pentecostés.
María vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus palabras: «Guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón». Los recuerdos de Jesús, impresos en su alma, la han acompañado en todo momento, y han sido aquellos recuerdos los que han constituido, en cierto sentido, el Rosario".

(Carta Apostólica "Rosarium Virginis Mariae", Juan Pablo II)

domingo, 8 de junio de 2008

"Tarde te amé..."

"Tarde te amé, Dios mío,
hermosura siempre antigua y siempre nueva, tarde te amé.
Tú estabas dentro de mí y yo afuera
y así por fuera te buscaba y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas hermosas que Tú creaste.
Tú estabas conmigo pero yo no estaba contigo.
Me llamaste y clamaste y quebrantaste mi sordera;
brillaste y resplandeciste y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume y lo aspiré y ahora te anhelo;
gusté de Ti y ahora siento hambre y sed de Ti.
¡Ay de mí, Señor! ¡Ten misericordia de mí!
Yo no te oculto mis llagas.
Tú eres médico y yo estoy enfermo;
Tú eres misericordioso y yo soy miserable.
Toda mi esperanza estriba en tu muy grande misericordia.
Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras".

(San Agustín)

sábado, 7 de junio de 2008

María es el paraíso de Dios

"No hay ni habrá jamás criatura en que Dios sea más grande que en la divina María.
María es el paraíso de Dios y su mundo inefable, donde el Hijo de Dios entró para hacer maravillas, para guardarle y tener en él sus complacencias. Un mundo hecho para el hombre peregrino, que es la tierra que habitamos; otro mundo para el hombre bienaventurado, que es el paraíso; mas para sí mismo, Dios ha hecho otro mundo, y lo ha llamado María; mundo desconocido a casi todos los mortales de la tierra, e incomprensible a los ángeles y bienaventurados del cielo, que, admirados de ver a Dios tan elevado y lejano, tan escondido en su mundo que es la divina María, claman sin cesar: Santo, Santo, Santo."
(extracto de "El Secreto de María", de San Luis María G. de Montfort)

viernes, 6 de junio de 2008

El rumbo de la vida

"¿Cuál es tu rumbo? Yo ruego a cada uno de ustedes que le dé la máxima importancia, porque acertar en esto es sencillamente acertar; fallar en esto es simplemente fallar.
Cuántos van sin rumbo y pierden sus vidas... las gastan miserablemente, las dilapidan sin sentido alguno, sin bien para nadie, sin alegría para ellos y al cabo de algún tiempo sienten la tragedia de vivir sin sentido.
El trágico problema de la falta de rumbo, tal vez el más trágico problema de la vida. El que pierde más vidas, el responsable de mayores fracasos.
Si la fe nos da el rumbo y la experiencia nos muestra los obstáculos, tomémoslos en serio. Mantener el timón. Clavar el timón, y como a cada momento, las olas y las corrientes desvían, rectificar, rectificar a cada instante, de día y de noche... ¡No las costas atractivas, sino el rumbo señalado! Pedir a Dios la gracia grande: ser hombres de rumbo.

1º punto: El puerto de partida. El primer hecho macizo de toda filosofía, de todo sistema de vida: Vengo de Dios, sí, de Él. Todo de Él. Nada más cierto, y sobre este hecho voy a edificar mi vida, sobre este primer dato voy a fijar mi rumbo.
Tomar en serio estas verdades: Que sirvan para fundar mi vida, para darme rumbo. Uno es cristiano tanto cuanto saca las consecuencias de las verdades que acepta.

2º punto. El puerto de término. Es el otro punto que fija el rumbo. ¡El término de mi vida es Él!

3º punto. El camino: ¿Por dónde he de enderezar mi barco? Al puerto de término, por un camino que es la voluntad de Dios. La realización en concreto de lo que Dios quiere. Todo el trabajo de la vida sabia consiste en esto: En conocer la voluntad de mi Señor y Padre. ¿qué quieres Señor de mí? Trabajar en realizarla, en servirle en cada momento. Dios nos quiere santos. Ésta es la voluntad de Dios: no mediocres, sino santos.
¿Cuál es el Camino de mi vida? La voluntad de Dios: santificarme, colaborar con Dios, realizar su obra. ¿Habrá algo más grande, más digno, más hermoso, más capaz de entusiasmar? ¡¡Llegar al Puerto!!
Y para llegar al puerto no hay más que este camino que conduzca... El que acierta, acierta; y el que aquí no llega, su vida nada vale; si aquí acierta: feliz por siempre jamás. ¡¡Amén!!

Enfrentar el rumbo. El timón firme en mi mano y cuando arrecien los vientos: Rumbo a Dios; y cuando me llamen de la costa; rumbo a Dios; y cuando me canse, ¡¡rumbo a Dios!!
¿Solo? No. ¡Con todos los tripulantes que Cristo ha querido encargarme de conducir, alimentar y alegrar! ¡Qué grande es mi vida! Qué plena de sentido. Con muchos rumbos al cielo. Darles a los hombres lo más precioso que hay: Dios; y dar a Dios lo que más ama, aquello por lo cual dio su Hijo: los hombres.

Señor, ayúdame a sostener el timón siempre al cielo, y si me voy a soltar, clávame en mi rumbo, por tu Madre Santísima, Estrella de los mares, Dulce Virgen María.”

(San Alberto Hurtado)

jueves, 5 de junio de 2008

"He ahí a tu Madre"


“El largo y silencioso itinerario de la Virgen que se inició con el "Fiat" gozoso de Nazaret y se cubrió de oscuros presagios en la presentación del Primogénito en el templo, encontró en el Calvario su coronamiento salvífico. "La Madre miraba con ojos de piedad las llagas del Hijo, de quien sabía que iba a venir la redención del mundo" (ib., 49). Crucificada con el Hijo crucificado (cf. Gál 2, 20), contemplaba con angustia de Madre y con heroica fe de discípula, la muerte de su Dios; "consintiendo amorosamente en la inmolación de la Víctima que Ella misma había engendrado" (Lumen Gentium, 58) para ese Sacrificio.

Entonces pronunció su último "Fiat", cumpliendo la voluntad del Padre en favor nuestro y acogiéndonos a todos como a hijos, en virtud del testamento de Cristo: "Mujer, he ahí a tu hijo" (Jn 19, 26). "He ahí a tu Madre", dijo; "y el discípulo la acogió en su casa" (Jn 19, 27): el discípulo acogió a la Virgen Madre como su luz, su tesoro, su bien, como el don más querido heredado del Señor. Y la amó tiernamente con corazón de hijo.

Jóvenes: Acoged también vosotros a María en vuestro corazón y en vuestra vida: que sea Ella la idea inspiradora de vuestra fe, la estrella luminosa de vuestro camino pascual, para construir un mundo nuevo en la luz del Resucitado, esperando la Pascua eterna del reino.”

(Juan Pablo II, Jubileo de los Jóvenes, Abril de 1984)

miércoles, 4 de junio de 2008

María, molde viviente de Dios

"Molde viviente de Dios, llama San Agustín a María. En ella sola se formó Dios hombre, al natural, sin que rasgo alguno de divinidad le faltara; y en ella sola también puede formarse el hombre en Dios, al natural, en cuanto es capaz de ello la naturaleza humana, con la gracia de Jesucristo.
De dos maneras puede un escultor sacar al natural una estatua o retrato: primera, con fuerza y saber y buenos instrumentos puede labrar la figura en materia dura e informe; y segunda, puede vaciarla en un molde. Largo, difícil, expuesto a muchos tropiezos es el primer modo; un golpe mal dado, de cincel o de martillo, basta, a veces, para echarlo a perder todo. Pronto, fácil y suave es el segundo, casi sin trabajo y sin gastos, con tal que el molde sea perfecto y que represente al natural la figura; con tal que la materia de que nos servimos sea manejable y de ningún modo resista a la mano."

(extracto de "El Secreto de María", de San Luis María G. de Montfort)

martes, 3 de junio de 2008

Si buscáis a María, encontraréis a Jesús

“Si buscáis a María, encontraréis a Jesús. Y aprenderéis a entender un poco lo que hay en ese corazón de Dios que se anonada, que renuncia a manifestar su poder y su majestad, para presentarse en forma de esclavo. Lo único que nos permite comprender de algún modo esa manera de obrar de Dios es ver que nace de una locura de amor, que le lleva a tomar nuestra carne y a cargar con el peso de nuestros pecados.
¿Cómo es posible advertir que Dios nos ama, y no volvernos también nosotros locos de amor? Es necesario dejar que esas verdades de nuestra fe vayan calando en el alma, hasta cambiar toda nuestra vida. ¡Dios nos ama!: el Omnipotente, el Todopoderoso, el que ha hecho cielos y tierra.
Dios se interesa hasta de las pequeñas cosas de sus criaturas: de las vuestras y de las mías, y nos llama uno a uno por nuestro propio nombre. Esa certeza que nos da la fe hace que miremos lo que nos rodea con una luz nueva, y que, permaneciendo todo igual, advirtamos que todo es distinto, porque todo es expresión del amor de Dios.
Nuestra vida se convierte así en una continua oración, en un buen humor y en una paz que nunca se acaban, en un acto de acción de gracias desgranado a través de las horas. Mi alma glorifica al Señor —cantó la Virgen María— y mi espíritu está transportado de gozo en el Dios salvador mío; porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava...
Nuestra oración puede acompañar e imitar esa oración de María. Como Ella, sentiremos el deseo de proclamar las maravillas de Dios, para que la humanidad entera y los seres todos participen de nuestra felicidad.”

(San Josemaría Escrivá de Balaguer)

lunes, 2 de junio de 2008

Mensajes de Juan Pablo II a los jóvenes

"El cristianismo no es una opinión y no consiste en palabras vanas. ¡El cristianismo es Cristo! ¡Es una Persona, es el Viviente! Encontrar a Jesús, amarlo y hacerlo amar: he aquí la vocación cristiana".

"Queridos jóvenes, sólo Jesús conoce vuestro corazón, vuestros deseos más profundos. Sólo Él, que os ha amado hasta la muerte, (cfr Jn 13,1), es capaz de colmar vuestras aspiraciones. Sus palabras son palabras de vida eterna, palabras que dan sentido a la vida. Nadie fuera de Cristo podrá daros la verdadera felicidad".

"También vosotros, queridos jóvenes, os enfrentáis al sufrimiento, la soledad, los fracasos y las desilusiones en vuestra vida personal. Pero sabed que en los momentos difíciles, no estáis solos: como a Juan al pie de la Cruz, Jesús os entrega a su Madre, para que os conforte con su ternura".


"Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo". (Mt 5, 13-14)

domingo, 1 de junio de 2008

María es tierna y bondadosa

“María es tierna y bondadosa.
En Ella no hay nada austero o terrible, ni excesivamente sublime o deslumbrante. Al verla, vemos nuestra propia naturaleza.
No es el sol que con la viveza de sus rayos podría encandilarnos a causa de nuestra debilidad. Es hermosa y apacible como la luna (Ct 6,10), que recibe la luz del sol para acomodarla a la debilidad de nuestra vista.
María es tan caritativa que no rechaza a ninguno de los que imploran su intercesión, por más pecador que sea, pues – jamás se ha oído decir que alguien haya acudido confiada y perseverantemente a Ella y haya sido rechazado–.
Ella es tan poderosa que sus peticiones jamás han sido desoídas. Le basta presentarse ante su Hijo con alguna súplica, para que El la acepte y reciba y se deje vencer amorosamente por las entrañas, suspiros y súplicas de su Madre queridísima.”


("Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen", San Luis María G. de Montfort)