martes, 24 de junio de 2008

Natividad de Juan el Bautista

“Juan era la voz, pero Cristo es la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz provisional; Cristo, desde el principio, es la Palabra eterna.
Quita la palabra, ¿y qué es la voz? Si no hay concepto, no ha más que un ruido vacío. La voz sin la palabra llega al oído, pero no edifica el corazón.
Cuando pienso lo que voy a decir, ya está la palabra presente en mi corazón; pero, si quiero hablarte, busco el modo de hacer llegar a tu corazón lo que está ya en el mío.

Al intentar que llegue hasta ti, echo mano de la voz y, mediante ella, te hablo; luego el sonido desaparece, pero la palabra que el sonido condujo hasta ti está ya dentro de tu corazón, sin haber abandonado el mío.

Cuando la palabra ha pasado a ti, ¿no te parece que es el mismo sonido el que está diciendo: Ella tiene que crecer y yo tengo que menguar? El sonido de la voz se dejó sentir para cumplir su tarea y desapareció, como si dijera: Esta alegría mía está colmada. Retengamos la palabra, no perdamos la palabra concebida en la médula del alma.

Y precisamente porque resulta difícil distinguir la palabra de la voz, tomaron a Juan por el Mesías. La voz fue confundida con la palabra: pero la voz se reconoció a sí misma, para no ofender a la palabra. Dijo: No soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta.
Y cuando le preguntaron: ¿Quién eres?, respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor.» La voz que grita en el desierto, la voz que rompe el silencio. Preparad el camino del Señor, como si dijera: «Yo resueno para introducir la palabra en el corazón; pero ésta no se dignará venir a donde yo trato de introducirla, si no le allanáis el camino.»

¿Qué quiere decir: Allanad el camino, sino: «Suplicad debidamente»? ¿Qué significa: Allanad el camino, sino: «Pensad con humildad»? Aprended del mismo Juan un ejemplo de humildad. Comprendió dónde tenía su salvación; comprendió que no era más que una antorcha, y temió que el viento de la soberbia la pudiese apagar.”

(San Agustín)

domingo, 22 de junio de 2008

Tratar a María

"¡Cuánto crecerían en nosotros las virtudes sobrenaturales, si lográsemos tratar de verdad a María, que es Madre Nuestra!
No basta saber que Ella es Madre, considerarla de este modo, hablar así de Ella. Es tu Madre y tú eres su hijo; te quiere como si fueras el hijo único suyo en este mundo. Trátala en consecuencia: cuéntale todo lo que te pasa, hónrala, quiérela.

Te aseguro que, si emprendes este camino, encontrarás enseguida todo el amor de Cristo: y te verás metido en esa vida inefable de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Sacarás fuerzas para cumplir acabadamente la Voluntad de Dios, te llenarás de deseos de servir a todos los hombres. Serás lleno de obras de caridad y de justicia, alegre y fuerte, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo.

Ese, y no otro, es el temple de nuestra fe. Acudamos a Santa María, que Ella nos acompañará con un andar firme y constante."

(San Josemaría Escrivá de Balaguer, "Amigos de Dios")

jueves, 19 de junio de 2008

Maestra de Caridad

"Recordad aquella escena de la presentación de Jesús en el templo. El anciano Simeón aseguró a María, su Madre: mira, este niño está destinado para ruina y para resurrección de muchos en Israel y para ser el blanco de la contradicción; lo que será para ti misma una espada que traspasará tu alma, a fin de que sean descubiertos los pensamientos ocultos en los corazones de muchos. La inmensa caridad de María por la humanidad hace que se cumpla, también en Ella, la afirmación de Cristo: nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Con razón los Romanos Pontífices han llamado a María Corredentora: de tal modo, juntamente con su Hijo paciente y muriente, padeció y casi murió; y de tal modo, por la salvación de los hombres, abdicó de los derechos maternos sobre su Hijo, y le inmoló, en cuanto de Ella dependía, para aplacar la justicia de Dios, que puede con razón decirse que Ella redimió al género humano juntamente con Cristo. Así entendemos mejor aquel momento de la Pasión de Nuestro Señor, que nunca nos cansaremos de meditar: stabat autem iuxta crucem Iesu mater eius, estaba junto a la cruz de Jesús su Madre."


(San Josemaría Escrivá de Balaguer, "Amigos de Dios")

martes, 17 de junio de 2008

Visión de Eternidad

“«Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10)
Vengo llegando del país más grande del mundo. Allí están los edificios más altos; los ríos se atraviesan por túneles subterráneos; en las ciudades tres, cuatro y más planos de locomoción... Allí está hoy más del 46% del oro del mundo; progresos técnicos fantásticos… Y como decía alguien: ¿y qué?
¿Y qué impresión de conjunto? Que la materia no basta, que la civilización no llena, que el confort está bien, pero que no reside en él la felicidad. ¡Que da demasiado poco y cobra demasiado caro!, ¡que a precio de esos juguetes se le quita al hombre su verdadera grandeza! (…)¿es esto todo el fin de la vida? ¿Setenta años con todas estas comodidades? El hombre es el rey de la creación ¿sólo por esto? El progreso de la humanidad, ¿será sólo llegar a poseer baño, radio, máquina de lavar, un auto? ¿Es ésta toda la grandeza del hombre? ¿No hay más que esto? ¿Es ésta la vida?
«Así amó Dios al mundo que le dio a su Hijo unigénito» (Jn 3,16). ¡Me amó a mí, también a mí! ¿Quién? ¡Dios! El Dios eterno, Creador de toda la energía, de los astros, de la tierra, del hombre, de las quizás dos mil generaciones de hombres que han pasado por la tierra, y millones que quizás aún han de venir... Ese Dios inmenso ante quien desaparece el hombrecito minúsculo.
Oye, hijo: «Yo». ¿Quién? Yo, Jesús, Hijo de Dios y Dios verdadero. Yo, el Dios eterno, «he venido»: he hecho un viaje... viaje real, larguísimo. De lo infinito a lo finito, viaje tan largo que escandaliza a los sabios, que desconcierta a los filósofos. ¡Lo infinito a lo finito!, ¡lo eterno a lo temporal! ¿Dios a la criatura? Sí, ¡así es! «¡He venido» por ti!
«Para que tengan vida». ¿Vida? Pero, ¿de qué vida se trata? La vida, la verdadera vida, la única que puede justificar un viaje de Dios es la vida divina: «Para que nos llamemos y seamos hijos de Dios» (1Jn 3,1). ¿Creemos en esa vida? Hay católicos que nunca han pensado en esa vida... ¡Los más no se preocupan de ella! Prescinden. Y ésta es la única verdadera vida: Quien la tiene, vive; y quien no la tiene, aunque esté saludable, rico, sabio, con amigos: está muerto.
«¿De qué le aprovecha al hombre ganar el mundo entero, si arruina su alma?» (Mt 16,26). «El que quiera salvar su vida la perderá y el que la perdiere por mí la hallará» (Mc 8,35).
«Y que la tengan en abundancia». Hay una vida pobrísima, que apenas es vida; vida pobre, de infidelidades a la gracia, sordera espiritual, falta de generosidad; y una vida rica, plena, fecunda, generosa. A ésta nos llama Cristo. Es la santidad. Y Cristo quiere cristianos plenamente tales, que no cierren su alma a ninguna invitación de la Gracia, que se dejen poseer por ese torrente invasor, que se dejen tomar por Cristo, penetrar de Él. La vida es vida en la medida que se posee a Cristo, en la medida que se es Cristo. Por el conocimiento, por el amor, por el servicio. ¡Dios quiere hacer de mí un santo! Quiere tener santos estilo siglo XX: estilo Chile, estilo liceo, estilo abogado, pero que reflejen plenamente su vida. ¡Esto es lo más grande que hay en el mundo!
Aquí no nos cabe sino decir como la Samaritana: «Dame, Señor, a beber de esa agua para que no tenga más sed» (Jn 4,15). Danos, Señor, vivir: Vivir plenamente. «Y tan alta vida espero, que muero porque no muero».”


(San Alberto Hurtado, meditación de Semana Santa para jóvenes, escrita en 1946)

domingo, 15 de junio de 2008

Más que Ella, sólo Dios

"La Maternidad divina de María es la raíz de todas las perfecciones y privilegios que la adornan. Por ese título, fue concebida inmaculada y está llena de gracia, es siempre virgen, subió en cuerpo y alma a los cielos, ha sido coronada como Reina de la creación entera, por encima de los ángeles y de los santos. Más que Ella, sólo Dios. La Santísima Virgen, por ser Madre de Dios, posee una dignidad en cierto modo infinita, del bien infinito que es Dios. No hay peligro de exagerar. Nunca profundizaremos bastante en este misterio inefable; nunca podremos agradecer suficientemente a Nuestra Madre esta familiaridad que nos ha dado con la Trinidad Beatísima."
(San Josemaría Escrivá de Balaguer, "Amigos de Dios")

viernes, 13 de junio de 2008

Virtudes de María

“La verdadera devoción es santa, te lleva a evitar el pecado e imitar las virtudes de la Santísima Virgen y, en particular,
su humildad profunda,
su fe viva,
su obediencia pronta,
su oración continua,
su mortificación universal,
su pureza divina,
su caridad ardiente,
su paciencia heroica,
su dulzura angelical
y su sabiduría divina.
Estas son las diez principales virtudes de la Santísima Virgen.”

(San Luis María G. de Montfort)

jueves, 12 de junio de 2008

María conoce como nadie el Corazón de Cristo

"Me gusta volver con la imaginación a los años en los que Jesús permaneció junto a su Madre, que abarcan casi toda su vida en este mundo. Verle pequeño, cuando María lo cuida y lo besa y lo entretiene. Verle crecer, ante los ojos enamorados de su Madre y de José, su padre en la tierra. Con cuánta ternura y con cuánta delicadeza María y el Santo Patriarca se preocuparían de Jesús durante su infancia y, en silencio, aprenderían mucho y constantemente de El. Sus almas se irían haciendo al alma de aquel Hijo, Hombre y Dios. Por eso la Madre —y, después de Ella, José— conoce como nadie los sentimientos del Corazón de Cristo, y los dos son el camino mejor, afirmaría que el único, para llegar al Salvador.

Virgen, Madre de Dios: Aquel a quien los Cielos no pueden contener, se ha encerrado en tu seno para tomar la carne de hombre..."

(San Josemaría)

"Fuerza para buscarte"

"Señor y Dios nuestro,
nuestra única esperanza,
no permitas que dejemos de buscarte por cansancio,
sino que te busquemos siempre
con renovada ilusión.
Tú, que hiciste que te encontráramos
y nos inculcaste ese afán por sumergidos
más y más en ti,
danos fuerza para continuar en ello.
Mira que ante ti están nuestras fuerzas
y nuestra debilidad.
Conserva aquellas, cura ésta.
Mira que ante ti están nuestros conocimientos
y nuestra ignorancia.
Allí donde nos abriste,
acógenos cuando entremos.
Y allí donde nos cerraste
ábrenos cuando llamemos.
Haz que nos acordemos de ti,
que te comprendamos,
que te amemos.
Acrecienta en nosotros estos dones
hasta que nos trasformemos completamente
en nuevas criaturas."

(San Agustín)

miércoles, 11 de junio de 2008

María es tu recurso habitual

“La verdadera devoción a la Santísima Virgen es tierna, llena de confianza como la del niño en su querida madre. Esta devoción hace que recurras a la Santísima Virgen en todas tus necesidades materiales y espirituales con gran sencillez, confianza y ternura e implores la ayuda de tu bondadosa Madre en todo tiempo, lugar y circunstancia:
en las dudas, para que te enclarezca;
en los extravíos, para que te reoriente;
en las tentaciones, para que te sostenga;
en tus caídas, para que te levante;
en las debilidades, para que te fortalezca;
en los desalientos, para que te reanime;
en los escrúpulos, para que te apacigüe;
en las cruces, para que te consuele.

Finalmente, en todas las dificultades materiales y espirituales, María es tu recurso habitual, sin temor de importunar a tu bondadosa Madre ni desagradar a Jesucristo.”
("Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen", de San Luis María Grignion de Montfort)

martes, 10 de junio de 2008

Saber vivir

"Felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse.
Felices los que saben distinguir una montaña de una piedrita, porque evitarán muchos inconvenientes.
Felices los que saben descansar y dormir sin buscar excusas, porque llegarán a ser sabios.
Felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas.
Felices los que son suficientemente inteligentes para no tomarse en serio, porque serán apreciados por quienes los rodean.
Felices los que están atentos a las necesidades de los demás sin sentirse indispensables, porque serán fuentes de alegría.
Felices ustedes que saben callar, y ojalá cuando se les quita la palabra, se los contradice o cuando les pisan los pies, porque el evangelio comienza a penetrar su corazón.
Felices ustedes cuando sepan mirar seriamente a las cosas pequeñas y tranquilamente a las cosas importantes: llegaran lejos en esta vida.
Felices ustedes cuando sepan apreciar una sonrisa y olvidar un desaire: vuestro camino estará lleno de sol.
Felices los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar: evitaran muchas tonterías.
Felices si son capaces de interpretar siempre con benevolencia las actitudes de los demás aún cuando las apariencias sean contrarias. Pasarán por ingenuos: es el precio de la caridad.
Felices, sobre todo, ustedes, si saben reconocer al Señor en todos los que encuentren, entonces habrán hallado la paz y la verdadera sabiduría."
(Santo Tomás Moro)