jueves, 17 de julio de 2008

Oración al Espíritu Santo

“Espíritu Santo, eterno vínculo de amor que une al Padre con el Hijo:
mírame con amor compasivo y haz que te corresponda,
entregando todo mi ser en sacrificio silencioso,
que me llene de alegría, manifieste el amor de Dios
y me una cada vez más a Ti en unión con el Padre y el Hijo.
Te pido que mi amor crezca siempre,
tratando de amarte como Tú me amas.
Quítame el corazón de piedra, quítame el corazón endurecido;
derrite y enciende mi corazón de bronce,
quema y purifica mi carne inmortificada,
llena mi entendimiento de luces sobrenaturales,
dame un corazón nuevo, un corazón de carne, un corazón puro.
Tú que eres mi Bien Supremo y más íntimo a mí que yo mismo.
Tú, belleza ejemplar y sello de santidad,
sella mi corazón con tu imagen, sella mi corazón por tu misericordia.
Tú, Dios de mi corazón, Dios, mi herencia eterna:
haz que mi lengua sea pregonera del amor de Dios y de la gloria de Cristo."


(San Balduino de Canterbury)

martes, 15 de julio de 2008

María, estrella de la esperanza

"La Iglesia saluda a María, la Madre de Dios, como “estrella del mar”: Ave maris stella. La vida humana es un camino. ¿Hacia qué meta? ¿Cómo encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía. Y ¿quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su “sí” abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; Ella que se convirtió en el Arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros? (...)

Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino."

(Papa Benedicto XVI, Carta encíclica "Spe Salvi")

domingo, 13 de julio de 2008

La búsqueda de Dios

"La inmensa amargura del alma contemporánea, su pesimismo, su soledad... las neurosis y hasta la locura, tan frecuentes en nuestro siglo, ¿no son el fruto de un mundo que ha perdido a Dios? Ya bien lo decía San Agustín: «Nos creaste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».

Felizmente, el alma humana no puede vivir sin Dios. Espontáneamente lo busca, aún en manifestaciones objetivamente desviadas. En el hambre y sed de justicia que devora muchos espíritus, en el deseo de grandeza, en el espíritu de fraternidad universal, está latente el deseo de Dios.

Hay grupos selectos de almas que buscan a Dios con toda su alma y cuya voluntad es el supremo anhelo de sus vidas. Y cuando lo han hallado, su vida descansa como en una roca inconmovible; su espíritu reposa en la paternidad divina, como el niño en los brazos de su madre. Cuando Dios ha sido hallado, el espíritu comprende que lo único grande que existe es Él. Frente a Dios, todo se desvanece: cuanto a Dios no interesa se hace indiferente. Las decisiones realmente importantes y definitivas son las que yacen en Él.

En el alma de este repatriado hay dolor y felicidad al mismo tiempo. Dios es a la vez su paz y su inquietud. En Él descansa, pero no puede permanecer un momento inmóvil. Tiene que descansar andando; tiene que guarecerse en la inquietud. Cada día se alza Dios ante él como un llamado, como un deber, como dicha próxima no alcanzada.

El que halla a Dios se siente buscado por Dios, como perseguido por Él, y en Él descansa, como en un vasto y tibio mar. Esta búsqueda de Dios sólo es posible en esta vida, y esta vida sólo toma sentido por esa misma búsqueda. Dios aparece siempre y en todas partes, y en ningún lado se le halla. Lo oímos en las crujientes olas, y sin embargo calla. En todas partes nos sale al encuentro y nunca podremos captarlo; pero un día cesará la búsqueda y será el definitivo encuentro. Cuando hemos hallado a Dios, todos los bienes de este mundo están hallados y poseídos.

Llegará un día en que veremos que Dios fue la canción que meció nuestras vidas. ¡Señor, haznos dignos de escuchar ese llamado y de seguirlo fielmente!"

(San Alberto Hurtado)

viernes, 11 de julio de 2008

El sufrimiento y la esperanza

“El sufrimiento forma parte de la existencia humana. Conviene ciertamente hacer todo lo posible para disminuirlo; pero extirparlo del mundo por completo no está en nuestras manos. Precisamente cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de todo lo que podría significar aflicción, cuando quieren ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizás ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho mayor aún. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito.

En este contexto, quisiera citar algunas frases de una carta del mártir vietnamita Pablo Le-Bao-Thin en las que resalta esta transformación del sufrimiento mediante la fuerza de la esperanza que proviene de la fe. “Dios está siempre conmigo y me libra de las tribulaciones y las convierte en dulzura, porque es eterna su misericordia. En medio de estos tormentos, por la gracia de Dios estoy lleno de gozo y alegría, porque no estoy solo, sino que Cristo está conmigo. (…) Muestra, Señor, tu poder, sálvame y dame tu apoyo, para que la fuerza se manifieste en mi debilidad y sea glorificada ante los gentiles. (…) Tenéis que dar gracias incesantes a Dios, de quien procede todo bien; bendecid conmigo al Señor, porque es eterna su misericordia. (…) En medio de esta tempestad echo el ancla hasta el trono de Dios, esperanza viva de mi corazón...”

Cristo ha descendido al «infierno» y así está cerca de quien ha sido arrojado allí, transformando por medio de Él las tinieblas en luz. El sufrimiento y los tormentos son terribles y casi insoportables. Sin embargo, ha surgido la estrella de la esperanza, el ancla del corazón llega hasta el trono de Dios. No se desata el mal en el hombre, sino que vence la luz: el sufrimiento –sin dejar de ser sufrimiento– se convierte a pesar de todo en canto de alabanza.”

(Carta Encíclica "Spe Salvi", Papa Benedicto XVI)

miércoles, 9 de julio de 2008

Te doy gracias, mujer

"Dar gracias al Señor por su designio sobre la vocación y la misión de la mujer en el mundo se convierte en un agradecimiento concreto y directo a las mujeres, a cada mujer, por lo que representan en la vida de la humanidad.

Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida.

Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.

Te doy gracias, mujer-hija y mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia.

Te doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del « misterio », a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.

Te doy gracias, mujer-consagrada, que a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta « esponsal », que expresa maravillosamente la comunión que El quiere establecer con su criatura.

Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas."

(Carta de Juan Pablo II a las mujeres)

martes, 8 de julio de 2008

La Verdadera Esperanza

"No es la ciencia la que redime al hombre. El hombre es redimido por el amor. Eso es válido incluso en el ámbito puramente intramundano. Cuando uno experimenta un gran amor en su vida, se trata de un momento de «redención» que da un nuevo sentido a su existencia. Pero muy pronto se da cuenta también de que el amor que se le ha dado, por sí solo, no soluciona el problema de su vida. Es un amor frágil. Puede ser destruido por la muerte. El ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: «Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro». Si existe este amor absoluto con su certeza absoluta, entonces –sólo entonces– el hombre es «redimido», suceda lo que suceda en su caso particular.

Esto es lo que se ha de entender cuando decimos que Jesucristo nos ha «redimido». Por medio de Él estamos seguros de Dios, de un Dios que no es una lejana «causa primera» del mundo, porque su Hijo unigénito se ha hecho hombre y cada uno puede decir de Él: «Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí».

A lo largo de su existencia, el hombre tiene muchas esperanzas, más grandes o más pequeñas, diferentes según los períodos de su vida. A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo llena totalmente y que no necesita de ninguna otra. En la juventud puede ser la esperanza del amor grande y satisfactorio; la esperanza de cierta posición en la profesión, de uno u otro éxito
determinante para el resto de su vida. Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve claramente que esto, en realidad, no lo era todo. Está claro que el hombre necesita una esperanza que vaya más allá. Es evidente que sólo puede contentarse con algo infinito, algo que será siempre más de lo que nunca podrá alcanzar.

La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando «hasta el extremo»."

(Carta Encíclica "Spe Salvi", Benedicto XVI)

lunes, 7 de julio de 2008

Por tí, María

"Dios Te salve, María, Madre de Dios, tesoro venerado de todo el universo, luz que no se apaga. De ti nació el sol de la justicia, cetro de la verdad, templo indestructible. Dios te salve María, morada de Aquél que ningún lugar contiene, tú que hiciste crecer una espiga que no se marchitará nunca.

Por ti los pastores alabaron a Dios, por ti es bendecido, en el Evangelio, el que viene en nombre del Señor. Por ti la Trinidad es glorificada, por ti se adora la Cruz en el mundo entero. Por ti exultan los cielos, por ti la humanidad caída fue reedificada.

Por ti el mundo entero finalmente conoció la Verdad. Por ti se fundaron iglesias en toda la tierra. Por ti el Hijo único de Dios hizo resplandecer su luz sobre los que permanecían en la oscuridad, bajo la sombra de la muerte. Por ti los apóstoles pudieron anunciar la salvación a las naciones. ¿Cómo cantar dignamente tu alabanza, ¡oh Madre de Dios!, por quien la tierra entera se estremece de júbilo?"

(San Cirilo de Alejandría)

sábado, 5 de julio de 2008

Madre de Misericordia

Misericordia es una palabra compuesta. Viene de miser: miserable y cordia: corazón. Así pues, significa amor a los miserables. María es Madre de Misericordia porque tiene amor a los miserables, y mientras más miserables seamos, más debemos tener esperanza en la misericordia de Ella. Tanto es así su amor, que San Luis María decía que si juntáramos el amor de todas las madres; desde Eva, la primera que hubo, hasta la última que habrá, por un solo hijo, no daría ni la sombra del amor que tiene la Santísima Virgen por cada uno de nosotros. Ella Misma en Fátima decía a los pastorcitos: “¡Si supierais cuánto os amo, lloraríais de gozo!”

“Pero ¿cómo puedes, oh María –le pregunta san Bernardo-, negarte a socorrer a los miserables cuando eres la reina de la misericordia? ¿Y quiénes son los súbditos de la misericordia sino los miserables? Tú eres la reina de la misericordia, y yo, el más miserable pecador, soy el primero de tus vasallos. Por tanto reina sobre nosotros, oh Reina de la Misericordia”.

jueves, 3 de julio de 2008

La Lógica del Amor

“Nuestra tarea consiste en animar a cristianos y no cristianos a realizar obras de amor. Y cada obra de amor, hecha de todo corazón, acerca a las personas a Dios."

"La paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias. Si queremos sembrar alegría en derredor nuestro precisamos que toda familia viva feliz."

"Cuanto menos poseemos, más podemos dar. Parece imposible, pero no lo es. Esa es la lógica del amor.”

(Madre Teresa de Calcuta)

martes, 1 de julio de 2008

Fundado en la Esperanza

"¡Qué grandes misterios de confianza y amor son para nosotros la pasión de Jesucristo y el Santísimo Sacramento del Altar!, misterios que fueran increíbles si la fe no nos certificara de ellos. ¡Un Dios omnipotente querer hacerse hombre, derramar toda su sangre y morir de dolor sobre un patíbulo!, y ¿para qué? ¡Para pagar por nuestros pecados y salvar así a los rebeldes gusanillos! Y ¡querer dar después a tales gusanillos su mismo cuerpo, sacrificado en la cruz, y dárselo en alimento para unirse estrechamente a ellos!

¡Oh Dios, tales misterios debieran inflamar en amor todos los corazones de los hombres! ¿Qué pecador, por perdido que se crea, podrá desesperar del perdón si se arrepiente del mal hecho, viendo a un Dios tan enamorado de los hombres e inclinado a dispensarles toda suerte de bienes?

Esto inspiraba tanta confianza a San Buenaventura, que prorrumpía en estas palabras: '¿Cómo podrá negarme las gracias necesarias a la salvación Aquel que tanto hizo y sufrió por salvarme?... Iré a Él fundado en toda esperanza, pues no me negará nada quien por mí quiso morir'"

(San Alfonso María de Ligorio, "Práctica del amor a Jesucristo")