sábado, 27 de diciembre de 2008

Mira la estrella, invoca a María

¡Oh! tú, quien quiera que seas, que te sientes lejos de tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y tempestades, si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta estrella.
Si el viento de las tentaciones se levanta, si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino, mira la estrella, invoca a María.
Si eres balanceado por las agitaciones del orgullo, de la ambición, de la murmuración, de la envidia, mira la estrella, invoca a María.
Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros sacuden la frágil embarcación de tu alma, levanta los ojos hacia María.
Si, perturbado por el recuerdo de la enormidad de tus crímenes, confuso antes las torpezas de tu conciencia, aterrorizado por el miedo del Juicio, comienzas a dejarte arrastrar por el torbellino de tristeza, a despeñarse en el abismo de la desesperación, piensa en María.
En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María.
Que su nombre nunca se aparte de tus labios, jamás abandone tu corazón; y para alcanzar el socorro de su intercesión, no descuides los ejemplos de su vida.
Siguiéndola, no te extraviarás, rezándole, no desesperarás, pensando en Ella, evitarás todo error.
Si Ella te sustenta, no caerás; si Ella te protege, nada tendrás que temer; si Ella te conduce, no te cansarás; si Ella te es favorable, alcanzarás el fin. Y así verificarás, por tu propia experiencia, con cuánta razón fue dicho: Y el nombre de la Virgen era María.

(San Bernardo, “Super missus”, 2ª homilía, 17)

jueves, 25 de diciembre de 2008

¡Feliz Navidad!

«A María le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada» (cf. Lc 2,6).
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Llegó el momento que Israel esperaba desde hacía muchos siglos, durante tantas horas oscuras, el momento en cierto modo esperado por toda la humanidad con figuras todavía confusas: que Dios se preocupase por nosotros, que saliera de su ocultamiento, que el mundo alcanzara la salvación y que Él renovase todo. Podemos imaginar con cuánta preparación interior, con cuánto amor, esperó María aquella hora. El breve inciso, «lo envolvió en pañales», nos permite vislumbrar algo de la santa alegría y del callado celo de aquella preparación. Los pañales estaban dispuestos, para que el niño se encontrara bien atendido. (...)
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De la misma manera que en Lucas encontramos el amor de su madre María y la fidelidad de san José, la vigilancia de los pastores y su gran alegría, y en Mateo encontramos la visita de los sabios Magos, llegados de lejos, así también nos dice Juan: «Pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios» (Jn 1,12). Hay quienes lo acogen y, de este modo, desde fuera, crece silenciosamente, comenzando por el establo, la nueva casa, la nueva ciudad, el mundo nuevo. El mensaje de Navidad nos hace reconocer la oscuridad de un mundo cerrado y, con ello, se nos muestra sin duda una realidad que vemos cotidianamente. Pero nos dice también que Dios no se deja encerrar fuera. Él encuentra un espacio, entrando tal vez por el establo; hay hombres que ven su luz y la transmiten. (...)
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El poder que proviene de la Cruz, el poder de la bondad que se entrega, ésta es la verdadera realeza. El establo se transforma en palacio; precisamente a partir de este inicio, Jesús edifica la nueva gran comunidad, cuya palabra clave cantan los ángeles en el momento de su nacimiento: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama», hombres que ponen su voluntad en la suya, transformándose en hombres de Dios, hombres nuevos, mundo nuevo.
En el establo de Belén el cielo y la tierra se tocan. El cielo vino a la tierra. Por eso, de allí se difunde una luz para todos los tiempos; por eso, de allí brota la alegría y nace el canto. (...)
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El corazón de Dios, en la Noche santa, ha descendido hasta un establo: la humildad de Dios es el cielo. Y si salimos al encuentro de esta humildad, entonces tocamos el cielo. Entonces, se renueva también la tierra. Con la humildad de los pastores, pongámonos en camino, en esta Noche santa, hacia el Niño en el establo. Toquemos la humildad de Dios, el corazón de Dios. Entonces su alegría nos alcanzará y hará más luminoso el mundo.

(extracto de la homilía de SS. Benedicto XVI en la Misa del 25 de Dic. del 2007)

lunes, 22 de diciembre de 2008

El Papa habla a los niños

“Muchos dicen que los muchachos son caprichosos, que nunca están satisfechos, que consumen un juego tras otro sin quedarse contentos. Vosotros, sin embargo, decís: Jesús, ¡me bastas Tú!

Nos bastas Tú, sobre todo cuando te suplicamos que escuches siempre nuestras oraciones, para que el mundo sea más hermoso y más bueno para todos. Nos bastas Tú porque nos perdonas cuando hacemos alguna trastada; nos bastas Tú porque si nos perdemos nos buscas y nos tomas en brazos como hiciste con la oveja perdida. Nos bastas Tú porque tienes una Mamá guapísima que, antes de que murieras en la cruz, quisiste que se convirtiera también en nuestra Mamá.

La Acción Católica tiene como fin verdadero ayudaros a ser santos: por eso os ayuda a encontrar a Jesús, a amar a su Iglesia y a interesaros por los problemas del mundo. ¿No es verdad que os estáis preocupando de los niños y jóvenes menos afortunados que vosotros? ¿No es verdad que con el “mes de la paz” podéis hacer apreciar la paz también a tantos adultos, porque sabéis vivir en paz entre vosotros?

Vosotros podéis pedir al Señor que cambie el corazón de los fabricantes de armas, que haga entrar en razón a los terroristas, que convierta el corazón de quien piensa siempre en la guerra y ayude a la humanidad a construir un futuro mejor para todos los niños del mundo. Estoy seguro de que rezaréis también por mí, ayudándome así en la difícil misión que el Señor me ha confiado.”

(Papa Benedicto XVI en reunión con los niños y jóvenes de la Acción Católica Italiana)

viernes, 19 de diciembre de 2008

El silencio de San José

El silencio de san José es un silencio impregnado de la contemplación del misterio de Dios, en una actitud de disponibilidad total a la voluntad divina. En otras palabras, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino por el contrario, una plenitud de fe que lleva en su corazón, y guía cada uno de sus pensamientos y cada una de sus acciones. Un silencio gracias al cual José, al unísono con María, conserva la Palabra de Dios, conocida a través de las Santas Escrituras, confrontándolas permanentemente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración continua, de bendición del Señor, de adoración de su voluntad y de confianza absoluta en su providencia.

¡Dejémonos "contaminar" por el silencio de san José! Tenemos necesidad de ello en un mundo a menudo tan ruidoso que no favorece en absoluto el recogimiento y la escucha de la voz de Dios. En este tiempo de preparación a la Navidad, cultivemos el recogimiento interior, para acoger y conservar a Jesús en nuestra vida.

(SS. Benedicto XVI)

martes, 16 de diciembre de 2008

La devoción a María

"Yo quisiera que todos los cristianos tuvieran hambre y sed de esta devoción. Amad, amigo mío, amad, y amad muchí­simo, a María.

Y para que suba más de punto vuestra devoción, os diré que debemos amar a María Santísima: 1° Porque Dios lo quiere. 2° Porque ella lo merece. 3° Porque nosotros lo necesitamos, por ser ella un poderosísimo medio para obtener todas las gracias corporales y espirituales y, finalmente, la salud eterna.

El eterno Padre la escogió por Hija suya muy amada; el Hijo eterno la tomó por Madre, y el Espíritu Santo, por Esposa; toda la Santísima Trinidad la ha coronado por Reina y Emperatriz de cielos y tierra y la ha constituido despensera de todas las gracias.

Debemos amar a María porque su devoción es un medio poderosísi­mo para alcanzar la salvación. María puede salvar a sus devotos, porque es la puerta del cielo; María quiere, porque es la madre de misericordia; María lo hace, porque ella es la que obtiene la gracia justificante a los pecado­res, el fervor a los justos y la perseverancia a los fervorosos; por esto, los Santos Padres la llaman la rescatadora de los cautivos, el canal de la gracia y la despensera de las misericor­dias. Por esto se ha dicho que el ser devoto de María es una señal de predestinación, así como es una marca de reprobación el no ser devoto o adverso de María.

La razón es muy clara. Nadie se puede salvar sin el auxilio de la gracia que viene de Jesús, como cabeza que es de la Iglesia o cuerpo, y María es como el cuello que junta, por decirlo así, el cuerpo con la cabeza; y así como el influjo de la cabeza al cuerpo ha de pasar por el cuello, así, pues, las gracias de Jesús pasan por María y se comunican al cuerpo o a los devotos, que son sus miembros vivos: In Christo fuit plenitudo gratiae sicut in capite fluente; in Maria sicut in collo transfundente.

En María, después de Jesús, hemos de poner toda nuestra confianza y esperanza de nuestra eterna salvación.
¡Oh!, dichoso el que invoca a María con confianza, que él alcanzará el perdón de sus pecados, por muchos y por graves que sean; alcanzará la gracia y, finalmente, ¡la gloria del Cielo!"

(Carta a un devoto del Corazón de María, de San Antonio María Claret)

domingo, 14 de diciembre de 2008

Caná de Galilea

¡Faltó el vino! ¡Pero allí estaba María felizmente! Ella con su intuición femenina vio el ir y venir, el cuchicheo, los jarros que no se llenaban... Y sintió toda la amargura de la pareja que iba a ver aguada su fiesta, la más grande de su vida... Sintió su dolor como propio. ¡Comprensión! de los dolores ajenos... No decir esas palabras huecas que no significan nada... y menos aún pasar de largo. Cuando hay un dolor, que allí estemos.

Y Ella comprendió que Ella podía hacer algo, y que Él lo podía hacer todo. ¡Ah! María comprendió que no era su hora, pero que no le iba a decir que no, a Ella su Madre. Y Ella que había comprendido como nadie el sentido de la Encarnación, que era un mensaje de amor, de redención, de elevación, de pacificación, de alegría para las almas, comprende también que Jesús estará feliz de anticipar esa hora para alegrarla a Ella y para mostrar la preeminencia de la caridad sobre toda consideración. Y por eso con llaneza y seguridad únicas dice a los sirvientes: "Haced cuanto Él os dijere" (Jn 2,5).

¡Oh, María, contigo estoy tranquilo! Vela tú por mí, que el infierno nada podrá en contra mía, y Jesús, tu Hijo, fruto bendito de tus entrañas, se plegará a tus dulces deseos. ¡Y Jesús obra a su manera! ¡Qué manerita! ¡Si parece que quisiera tomarnos el pelo! ¿Falta vino? ¡¡Pues echen agua a las tinajas!! Y ahora lleven esa agua al maestresala. A la base de la fe, está la "rendición incondicional" y por eso parece que ahora, como entonces, quiere exigir de nosotros ese salto en el vacío, ese abrazar su autoridad, ese paso de la lógica a la fe, de las razones a la aceptación del misterio, porque es Él quien lo dice y nada más, motivo formal de la fe.

La fe, ¡base de toda vida cristiana! El primer contacto del hombre con Dios es por la fe. "¡Sin fe es imposible complacer a Dios!" (Heb 11,6). ¿Cómo obtenerla? Pedirla, suplicarla, actuarse; humildad de corazón. Realizar la verdad, porque "el que obra la verdad, va a la luz".

(San Alberto Hurtado)

sábado, 13 de diciembre de 2008

La esperanza

La esperanza, por su naturaleza, para ser auténtica esperanza, capaz de superar los límites estructurales del hombre, exige totalidad y plenitud, exige apertura al misterio infinito, a Dios.
Todo otro tipo de esperanza que no sea Dios es radicalmente insuficiente. No por razones morales o ética, más simplemente porque el corazón exige más, exige la totalidad. La realidad, de la cual el hombre es parte y de la cual es ‘excelente’, se muestra abierta, incluso necesaria y mendicante de una esperanza infinita.
Esta necesidad, si es escuchada y tematizada adecuadamente, genera una gran y misteriosa solidaridad entre los hombres que, reunidos por la misma exigencia, pueden “mendigar esperanza” juntos.
En este sentido, quien no conoce a Dios no tiene esperanza: sin la gran esperanza que, justamente por ser infinita y paradójicamente manifestada en la historia como amor, es la única ‘adecuada’ al corazón del hombre, incluso excediendo la necesidad y la limitada capacidad de acogida, conocimiento e imitación.
Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto.
Su reino está presente allí donde Él es amado y donde su amor nos alcanza. Sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto. Y, al mismo tiempo, su amor es para nosotros la garantía de que existe aquello que sólo llegamos a intuir vagamente y que, sin embargo, esperamos en lo más íntimo de nuestro ser: la vida que es ‘realmente’ vida.

(SS. Benedicto XVI)

miércoles, 10 de diciembre de 2008

"Si la convicción sobre la concepción inmaculada de María existía ya muchos siglos antes de la aparición de Lourdes, ésta añadió un sello celeste después de que mi antecesor, el beato Pío IX, definió el dogma el 8 de Diciembre de 1854.

En María reconocemos la "sonrisa de Dios", el reflejo inmaculado de la luz divina; en Ella encontramos la nueva esperanza, incluso en medio de los problemas y los dramas del mundo. A la Madre se le ofrecen las alegrías, pero también las preocupaciones, convencidos de encontrar en ella el consuelo para no abatirse y salir adelante.

¡Enséñanos María a ser solidarios con los que atraviesan dificultades, a colmar las desigualdades sociales, cada vez más grandes! Tu belleza nos asegura que es posible la victoria del amor; todavía más: es cierta. Nos garantiza que la gracia es más fuerte que el pecado y por lo tanto es posible el rescate de cualquier esclavitud. ¡Oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad. Nos alientas a permanecer despiertos, a no ceder a la tentación de evasiones fáciles, a hacer frente a la realidad con valor y responsabilidad.

Sé una madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser centinelas del mañana y otorga esta virtud a todos los cristianos, para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia."

(SS. Benedicto XVI)

lunes, 8 de diciembre de 2008

Inmaculada Concepción de María

"Declaramos, afirmamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María, en el primer instante de su Concepción, por gracia y privilegio singular de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original, ha sido revelada por Dios y, por tanto, debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles."
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(SS. Pío IX, 8 de dic. 1854, Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción)
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Con el más profundo y tierno amor felicitemos a nuestra cariñosa Madre, María, y digámosle con la más fervorosa devoción:
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Dios te salve Inmaculada María, Hija de Dios Padre. Dios te salve Inmaculada María, Madre de Dios Hijo. Dios te salve Inmaculada María, Esposa de Dios Espíritu Santo. Dios te salve Inmaculada María, Madre y Abogada de los pobres pecadores.
Bendita eres entre todas las mujeres. Tú eres la gloria de Jerusalén, la alegría de Israel y el honor de nuestro pueblo. Tú eres el amparo de los desvalidos, el consuelo de los afligidos, y el norte de los navegantes. Tú eres la salud de los enfermos, el aliento de los moribundos y la puerta del Cielo.
Tú eres, después de Jesús, fruto bendito de tu vientre, toda esperanza, ¡oh clemente, oh pía, oh dulce Virgen e Inmaculada María!
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(San Antonio María Claret)

sábado, 6 de diciembre de 2008

María, sin pecado concebida

“Toda hermosa eres, María, y no hay en Ti mancha original.”

La Iglesia Católica enseña que María es Inmaculada. Con este título se expresa aquel privilegio singular por el cual la Madre de Dios, al ser concebida, no contrajo la mancha del pecado original.

Creemos como verdad de fe, que el alma de María desde el primer instante de su existencia, estuvo adornada con la gracia santificante. Creemos que no hubo momento alguno en el cual María se hallase en enemistad con Dios; creemos que en ninguna circunstancia de su vida, ni siquiera en el instante de su concepción, estuvo sometida a la esclavitud del demonio, proveniente del pecado.

En esta inmunidad de la mancha del pecado original y posesión de la gracia santificante, desde el primer instante de su existencia, consiste pues la Inmaculada Concepción de María.

Este privilegio muy glorioso, verdadero milagro espiritual, fue que la omnipotencia de Dios la preservó en su concepción del pecado original, lo cual fue concedido en vista de los merecimientos de Nuestro Señor Jesucristo, que en tanto para todos obran restaurando y reparando en ellos lo que el pecado destruye, para María obraron en manera mucho más elevada y profunda, a saber, preservándola de la caída del pecado.

De la misma manera que al pasar el Arca de la Alianza, la mano omnipotente de Dios detuvo ante los israelitas las aguas del Jordán, que no se atrevieron a tocarla (Josué 3,15-16), cuando llegó María a la existencia, el poder misericordioso de Dios detuvo junto a Ella las aguas que traían la infección universal del pecado, no permitiendo que tocaran ni mancharan a aquella criatura escogida entre todas para ser la Madre del Verbo Encarnado.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Porque María es Madre, su devoción nos enseña a ser hijos: a querer de verdad, sin medida; a ser sencillos, sin esas complicaciones que nacen del egoísmo de pensar sólo en nosotros; a estar alegres, sabiendo que nada puede destruir nuestra esperanza. El principio del camino que lleva a la locura del amor de Dios es un confiado amor a María Santísima. Os invito a que hagáis la experiencia, a que lo descubráis por vosotros mismos, tratando amorosamente a María, abriéndole vuestro corazón, confiándole vuestras alegrías y vuestra penas, pidiéndole que os ayude a conocer y a seguir a Jesús.
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(San Josemaría)

lunes, 1 de diciembre de 2008

El Amor es siempre la respuesta

"Cualquiera que sea la pregunta, la respuesta es el Amor. Cualquiera que sea el problema, la respuesta es el Amor. Cualquiera que sea la enfermedad, el dolor, el miedo, la respuesta es el Amor. El Amor es siempre la respuesta... porque el Amor es todo lo que existe."

(Beata Teresa de Calcuta)

jueves, 27 de noviembre de 2008

La Virgen de la Medalla Milagrosa

Todo era silencio en la sala donde dormía Sor Catalina en el noviciado de la Rue du Bac, en París; cerca de las 11:30 pm oyó que por tres veces la llamaban por su nombre. Se despertó y vio entonces un niño vestido de blanco, que parecía tener como cuatro o cinco años, que le dijo: "Levántate pronto y ven a la capilla; la Santísima Virgen te espera".
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Vestida Sor Catalina, el niño, que era un ángel, comenzó a andar, y ella lo siguió marchando a "su lado izquierdo". Por donde quiera que pasaban las luces se encendían. El cuerpo del niño irradiaba vivos resplandores y a su paso todo quedaba iluminado.
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Al llegar a la puerta de la capilla la encontró cerrada; pero el niño tocó la puerta con su dedito y aquella se abrió al instante. Dice Catalina: "Mi sorpresa fue más completa cuando, al entrar a la capilla, vi encendidas todas las velas y los cirios, lo que me recordaba la Misa de media noche". El niño le dijo: "Ved aquí a la Virgen, vedla aquí"
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Sor Catalina oyó como un rumor, como el roce de un traje de seda. Vio que una señora de extremada belleza, atravesaba majestuosamente el presbiterio, "fue a sentarse en un sillón sobre las gradas del altar mayor, al lado del Evangelio".
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Entonces, mirando a la Virgen, se puso en un instante a su lado, se arrodilló en el presbiterio, con las manos apoyadas en las rodillas de la Santísima Virgen. "Allí pasé los momentos más dulces de mi vida; me sería imposible decir lo que sentí".
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En otra aparición del 27 de Nov de 1830, Sor Catalina vió a la Virgen Santísima vestida de blanco; sus pies posados sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, aplastaban una serpiente. Sus manos elevadas a la altura del corazón sostenían otro globo pequeño de oro, coronado por una crucecita.
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De pronto el globo dorado se desvaneció y los dedos de la Virgen se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas que brillaban y derramaban su luz. Tenía tres anillos en cada dedo. De las piedras preciosas de los anillos salían rayos, que se alargaban hacia abajo.
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Mientras Sor Catalina contemplaba a la Virgen, ella la miró y dijo a su corazón: Este globo que ves a mis pies representa al mundo entero, especialmente Francia y a cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias que yo quiero entregarle al mundo y nadie me las pide...
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En este momento se apareció una forma ovalada en torno a la Virgen y en el borde interior apareció escrito: "¡Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti!". Y oyó de nuevo la voz en su interior: "Haz que se acuñe una medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán más abundantes para los que la lleven con confianza".
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La aparición, entonces, dio vuelta y quedo formado en el mismo lugar el reverso de la medalla. En él aparecía una M, símbolo de María, sobre la cual había una Cruz, y debajo los corazones de Jesús y de María, de los cuales el primero estaba circundado de una corona de espinas, y el segundo traspasado por una espada. En torno había doce estrellas, como símbolo de la Iglesia.
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Santa Catalina termina su relato con una exclamación: "¡Oh, qué hermoso será escuchar decir María es la Reina del Universo! Los niños gritarán ¡María es la Reina de cada persona en particular!''.
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La Medalla se llamaba originalmente: "de la Inmaculada Concepción", pero al expandirse la devoción y haber tantos milagros concedidos a través de ella, se le llamó popularmente "La Medalla Milagrosa".
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lunes, 24 de noviembre de 2008

María en la vida oculta de Jesús

«El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él» (Lc 2,40). «Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2,52).

Al hacer estas breves anotaciones sobre la vida de Jesús, San Lucas refiere probablemente los recuerdos de María acerca de ese periodo de profunda intimidad con su Hijo. La unión entre Jesús y la «llena de gracia» supera con mucho la que normalmente existe entre una madre y un hijo, porque está arraigada en una particular condición sobrenatural y está reforzada por la especial conformidad de ambos con la voluntad divina.

Así pues, podemos deducir que el clima de serenidad y paz que existía en la casa de Nazaret y la constante orientación hacia el cumplimiento del proyecto divino conferían a la unión entre la madre y el hijo una profundidad extraordinaria e irrepetible.

En María la conciencia de que cumplía una misión que Dios le había encomendado atribuía un significado más alto a su vida diaria. Los sencillos y humildes quehaceres de cada día asumían, a sus ojos, un valor singular, pues los vivía como servicio a la misión de Cristo.

Y se puede muy bien decir que para María la vida en Nazaret no estaba dominada por la monotonía. En el contacto con Jesús, mientras crecía, se esforzaba por penetrar en el misterio de su Hijo, contemplando y adorando. Dice San Lucas: «María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19).

«Todas estas cosas» son los acontecimientos de los que ella había sido, a la vez, protagonista y espectadora, comenzando por la Anunciación, pero sobre todo es la vida del Niño. Cada día de intimidad con él constituye una invitación a conocerlo mejor, a descubrir más profundamente el significado de su presencia y el misterio de su persona.

(Juan Pablo II)

domingo, 23 de noviembre de 2008

La Madre estaba junto a la Cruz

El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor. Éste –dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús– está puesto como una bandera discutida; y a ti –añade, dirigiéndose a María– una espada te traspasará el alma.

En verdad, Madre santa, una espada traspasó tu alma. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, después que aquel Jesús –que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo– hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar.

¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron verdaderamente tu alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí tienes a tu hijo? ¡Vaya cambio! Se te entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero. ¿Cómo no habían de atravesar tu alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro, se parte con sólo recordarlas?

No os admiréis, hermanos, de que María sea llamada mártir en el alma. Que se admire el que no recuerde haber oído cómo Pablo pone entre las peores culpas de los gentiles el carecer de piedad. Nada más lejos de las entrañas de María, y nada más lejos debe estar de sus humildes servidores.

Pero quizá alguien dirá: «¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?» Sí, y con toda certeza. «¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?» Sí, y con toda seguridad. «¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?» Sí, y con toda vehemencia. Y si no, ¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? Este murió en su cuerpo, ¿y ella no pudo morir en su corazón? Aquélla fue una muerte motivada por un amor superior al que pueda tener cualquier otro hombre; esta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél, no tiene semejante.

(San Bernardo)

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Nada te turbe...

Nada te turbe,...............................Ámala cual merece
nada te espante,...........................Bondad inmensa;
Todo se pasa,...............................Pero no hay amor fino
Dios no se muda...........................sin la paciencia.
La paciencia
todo lo alcanza;............................Confianza y fe viva
Quien a Dios tiene........................mantenga el alma,
nada le falta:.................................Que quien cree y espera,
Sólo Dios basta.............................todo lo alcanza.

Eleva el pensamiento,......................Del infierno acosado
al cielo sube,..................................aunque se viere,
Por nada te acongojes,....................Burlará sus furores
nada te turbe..................................quien a Dios tiene

A Jesucristo sigue...........................Vénganle desamparos,
con pecho grande,...........................cruces, desgracias;
Y, venga lo que venga,.....................Siendo Dios su tesoro,
nada te espante..............................nada le falta.

¿Ves la gloria del mundo?................Id, pues, bienes del mundo;
Es gloria vana;.................................id, dichas vanas;
Nada tiene de estable,.....................Aunque todo lo pierda,
Todo se pasa..................................sólo Dios basta.

Aspira a lo celeste,.........................(Santa Teresa de Jesús)
que siempre dura;
Fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.

martes, 18 de noviembre de 2008

La respuesta de María

Todo el mundo espera la respuesta de María.

Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el Ángel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Señor que lo envió. También nosotros, los condenados infelizmente a muerte por la divina sentencia, esperamos, Señora, esta palabra de misericordia.

Se pone entre tus manos el precio de nuestra salvación; en seguida seremos librados si consientes. Por la Palabra eterna de Dios fuimos todos creados, y a pesar de eso morimos; mas por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida.

Esto te suplica, oh piadosa Virgen, el triste Adán, desterrado del paraíso con toda su miserable posteridad. Esto Abrahán, esto David, con todos los santos antecesores tuyos, que están detenidos en la región de la sombra de la muerte; esto mismo te pide el mundo todo, postrado a tus pies.

Y no sin motivo aguarda con ansia tu respuesta, porque de tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salvación, finalmente, de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje.

Da pronto tu respuesta. Responde presto al Ángel, o, por mejor decir, al Señor por medio del Ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna.

¿Por qué tardas? ¿Qué recelas? Cree, di que sí y recibe. Que tu humildad se revista de audacia, y tu modestia de confianza. De ningún modo conviene que tu sencillez virginal se olvide aquí de la prudencia. En este asunto no temas, Virgen prudente, la presunción; porque, aunque es buena la modestia en el silencio, más necesaria es ahora la piedad en las palabras.

Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta. Si te demoras en abrirle, pasará adelante, y después volverás con dolor a buscar al amado de tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento.

Aquí está - dice la Virgen- la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

(San Bernardo)

lunes, 17 de noviembre de 2008

El Secreto de María

"Alma, tú que eres imagen viviente de Dios y has sido rescatada con la sangre preciosa de Jesucristo, Dios quiere que te hagas santa como El en esta vida y que participes en su gloria por la eternidad. Tu verdadera vocación consiste en adquirir la santidad de Dios.
A ello debes orientar todos tus pensamientos, palabras y acciones, tus sufrimientos y las aspiraciones todas de tu vida. De lo contrario, haces resistencia a Dios, por no realizar aquello para lo cual te ha creado y te conserva la vida.
Todo se reduce, pues, a encontrar un medio sencillo para alcanzar de Dios la gracia necesaria para hacernos santos. Yo te lo quiero enseñar. Y es que para encontrar la gracia, hay que encontrar a María."

(“El Secreto de María”, San Luis María G. de Montfort)

domingo, 16 de noviembre de 2008

Promesas de Nuestra Sra del Rosario

La Madre de Dios, en persona, le enseñó a Santo Domingo a rezar el rosario en el año 1208 y le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe.
El rosario se mantuvo como la oración predilecta durante casi dos siglos. Cuando la devoción empezó a disminuir, la Virgen se apareció al Beato Alano de la Rupe y le dijo que reviviera dicha devoción. La Virgen le dijo también que se necesitarían volúmenes inmensos para registrar todos los milagros logrados por medio del rosario y reiteró las promesas dadas a Sto. Domingo referentes al rosario.

Promesas de Nuestra Señora, Reina del Rosario:

1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.

3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.

4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.

5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.

6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.

7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.

8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.

9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas de mi Rosario.

10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.

11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.

14. Los que rezan el Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15. La devoción al Santo Rosario es señal manifiesta de predestinación de gloria.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Mediación en Cristo

El mismo Dios quiso la presencia de María en la historia de la salvación. Cuando decidió enviar a su Hijo al mundo, quiso que viniera a nosotros naciendo de una mujer. Así quiso que esta mujer, la primera que acogió a su Hijo, lo comunicara a toda la humanidad. Por tanto, María se encuentra en el camino que va desde el Padre a la humanidad como madre que da a todos a su Hijo, el Salvador. Al mismo tiempo, está en el camino que los hombres deben recorrer para ir al Padre, por medio de Cristo en el Espíritu (cf. Ef 2, 18).

Para comprender la presencia de María en el itinerario hacia el Padre debemos reconocer, con todas las Iglesias, que Cristo es "el camino, la verdad y la vida" (Jn 14, 6) y el único Mediador entre Dios y los hombres (cf. 1 Tm 2, 5). María se halla insertada en la única mediación de Cristo y está totalmente a su servicio. Por consiguiente, como subrayó el Concilio en la Lumen gentium, "la misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia" (n. 60). Como afirmé expresamente en la encíclica Redemptoris Mater, la mediación materna de María "es mediación en Cristo".

Nuestra santidad consiste en hacer todo lo que el Padre nos dice. El valor de la vida de María radica precisamente en el cumplimiento de la voluntad divina. Acompañados y sostenidos por María, con gratitud recibimos el nuevo milenio de manos del Padre y nos comprometemos a corresponder a su gracia con entrega humilde y generosa.

(Juan Pablo II)

jueves, 13 de noviembre de 2008

"No temas, María"

Ese “No temas” que el ángel Gabriel dirige a María, es una de las primeras frases del evangelio. En realidad, María tenía motivos para temer, porque llevar ahora el peso del mundo sobre sí, ser madre del Rey universal, ser madre del Hijo de Dios, constituía un gran peso, un peso muy superior a las fuerzas de un ser humano. Pero el ángel le dice: “No temas. Sí, tú llevas a Dios, pero Dios te lleva a ti. No temas.” “No temas”.
María nos dice esta palabra también a nosotros. Nuestro mundo actual es un mundo de miedos: miedo a la miseria y a la pobreza, miedo a las enfermedades y a los sufrimientos, miedo a la soledad y a la muerte. En nuestro mundo tenemos un sistema de seguros muy desarrollado. Está bien que exista, pero sabemos que en el momento del sufrimiento profundo, en el momento de la última soledad, de la muerte, ningún seguro podrá protegernos. El único seguro válido en esos momentos es el que nos viene del Señor, que nos dice también a nosotros: “No temas, yo estoy siempre contigo”. Podemos caer, pero al final caemos en las manos de Dios. Y las manos de Dios son buenas manos.

(SS. Benedicto XVI)

martes, 11 de noviembre de 2008

Reina de los humildes

He aquí, dice, la esclava del Señor. ¿Qué humildad es ésta tan alta que no se deja vencer de las honras ni se engrandece en la gloria? Es escogida por Madre de Dios y se da el nombre de esclava. No es cosa grande ser humilde en el abatimiento, pero es muy grande y muy rara ser humilde en el honor. (San Bernardo)

Ved la humildad de la Virgen, ved su devoción: Y dijo María: He aquí la esclava del Señor. Se llama esclava la que es elegida como Madre, y no se llena de orgullo por una promesa tan sorprendente: porque la que había de dar a luz al manso y humilde, debió manifestar ante todo su humildad; llamándose a si misma esclava, no se apropió la prerrogativa de una gracia tan especial, porque hacía lo que le mandaban. (San Ambrosio)

La humildad de María fue la causa de que el Padre Eterno mirase a la Santísima Virgen con complacencia; y si la virginidad atrajo las miradas divinas, su humildad fue la causa de que concibiese en su seno al Hijo de Dios. Si la Santísima Virgen es la Reina de las Vírgenes, es también la Reina de los humildes. (Santo Cura de Ars)

lunes, 10 de noviembre de 2008

La Madre de todos

"He pensado tantas veces cuando veo el Mes de María lleno de gente, y el día de la Procesión del Carmen, esa gente hambrienta de verdad, ¿cuál es nuestro deber ante ella? Primero dar ejemplo de integridad de vida cristiana, no acomodarnos al mundo sino que éste se acomode a María. En las conversaciones, caridad: que nuestras palabras sean bondadosas, tiernas y cariñosas. Al mundo le gusta la francachela, nada más que diversión, nosotros no seremos obstáculo, pero pondremos la nota de austeridad y trabajo. No podemos tener devoción a Ella y faltar a la caridad, no haciendo nada por solucionar la miseria humana.

Estos días me ha tocado vivir ahogado en la miseria, asediado por el miserable que no tiene nada, absolutamente nada. Sé de gente que pasa tres y cuatro días sin comer. Un pobre, preso por vago, la sociedad no le da techo ni trabajo y lo encierra por andar vagando. Estamos empapados en una miseria que ha llegado al último extremo.

Nuestra devoción a la Virgen, ¿no debería llevarnos a preguntar cómo podemos solucionar este problema? Nuestra devoción vacía y piedad estéril, en vano vuestra Madre se aparece a los pobres si vosotros no dais caridad. La primera manifestación de amor que sea caridad en palabra, juicios, desprendimiento, en obras de justicia. El mundo tiene sus ojos puestos en nosotros. Acordémonos que somos cristianos y que el mundo nos mira. Temo que nuestra piedad sea en gran parte solo sentimental, hojarasca, y no la misericordia de Cristo. Caridad en honor de la Virgen Santísima. Tan «bueyes» que somos los católicos, tan dormidos, tan poco inquietos por la solidaridad social. Todas dificultades, tropiezos, escándalos... Ojalá que nuestra devoción a la Virgen nos traiga ternura de mirar al Cielo y trabajar en la tierra por que haya caridad y amor. Dios quiera llevarnos al Cielo por medio de Ella, la Mensajera del Padre, la Madre de todos, especialmente de los que sufren.”

(San Alberto Hurtado)

domingo, 9 de noviembre de 2008

Una primavera espiritual

"Pasa algo verdaderamente alentador en el mundo y sobre todo en Chile: como una segunda primavera además de lo material de la naturaleza, una primavera espiritual, durante el Mes de María. Todo cambia de aspecto, las Iglesias se repletan...

¿Por qué la Santísima Virgen tiene esta influencia en nuestras almas?, ¿qué atracción ejerce en nosotros? Primero una influencia intuitiva, sentimental, emotiva, porque, como se ha dicho, si Ella no hubiera sido creada por Dios, el hombre habría tenido que inventarla, es una necesidad psicológica del corazón humano. En el fondo, María representa la aspiración de todo lo más grande que tiene nuestra alma. La madre es la necesidad más primordial y más absoluta del alma, y cuando la hemos perdido, o sabemos que la vamos a perder, necesitamos algo del Cielo que nos envuelva con su ternura.

¡Que difícil es pasar en repaso tan rápido los privilegios dogmáticos de María!, pero el alma intuye que como el corazón del joven de 20 años necesita una niña que complete su vida, la humanidad necesita esta Madre tierna, Virgen pura, ser humano lleno de divinidad, que ha recibido de Dios, en María. Aún los que no saben teología quedan absortos cuando ven lo que es.

Ella no es divina, es enteramente de nuestra tierra, como nosotros, plenamente humana: hacía lo oficios de cualquiera madre, pero sintiéndola tan totalmente nuestra, la reconocemos como trono de la divinidad."

(San Alberto Hurtado)

sábado, 8 de noviembre de 2008

Mes de María

Oración Inicial
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¡Oh María! Durante el bello mes que os está consagrado, todo resuena con vuestro nombre y alabanza. Vuestro Santuario resplandece con nuevo brillo y nuestras manos os han elevado un trono de gracia y de amor, desde donde presidís nuestras fiestas y escucháis nuestras oraciones y votos. Para honraros, hemos esparcido frescas flores a vuestros pies y adornado vuestra frente con guirnaldas y coronas. Mas, ¡Oh María!, no os dais por satisfecha con estos homenajes; hay flores cuya frescura y lozanía jamás pasan y coronas que no se marchitan. Estas son las que Vos esperáis de vuestros hijos; porque el más hermoso adorno de una madre, es la piedad de sus hijos y la más bella corona que pueden deponer a sus pies es la de sus virtudes. Sí, los lirios que Vos nos pedís son la inocencia de nuestros corazones. Nos esforzaremos pues, durante el curso de este mes consagrado a vuestra gloria, ¡Oh Virgen santa!, en conservar nuestras almas puras y sin mancha y en separar de nuestros pensamientos, deseos y miradas, aun la sombra misma del mal. La rosa cuyo brillo agrada a vuestros ojos, es la caridad, el amor a Dios y a nuestros hermanos. Nos amaremos pues, los unos a los otros, como hijos de una misma familia cuya madre sois, viviendo todos en la dulzura de una concordia fraternal. En este mes bendito, procuraremos cultivar en nuestros corazones, la humildad, modesta flor que os es tan querida y con vuestro auxilio llegaremos a ser puros, humildes, caritativos, pacientes y resignados. ¡Oh María, haced producir en el fondo de nuestros corazones, todas estas amables virtudes; que ellas broten, florezcan y den al fin frutos de gracia, para poder ser algún día, dignos hijos de la más santa y de la mejor de las madres. Amén.
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Oración final
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¡Oh María, Madre de Jesús nuestro Salvador y nuestra buena Madre!, nosotros venimos a ofreceros con estos obsequios que colocamos a vuestros pies, nuestros corazones deseosos de seros agradables y a solicitar de vuestra bondad, un nuevo ardor en vuestro santo servicio.
Dignaos presentarnos a vuestro Divino Hijo, que en vista de sus méritos y a nombre de su Santa Madre, dirija nuestros pasos por el sendero de la virtud. Que haga lucir con nuevo esplendor, la luz de la fe sobre los infortunados pueblos que gimen por tanto tiempo en las tinieblas del error; que vuelvan hacia Él y cambie tantos corazones rebeldes, cuya penitencia regocijará su corazón y el vuestro.
Que convierta a los enemigos de su Iglesia y que en fin, encienda por todas partes el fuego de su ardiente caridad; que nos colme de alegría en medio de las tribulaciones de esta vida y dé esperanza para el porvenir. Amén.

martes, 4 de noviembre de 2008

¡Joven, levántate!

"...Joven, levántate y participa, junto con muchos miles de hombres y mujeres en la Iglesia, en la incansable tarea de anunciar el Evangelio, de cuidar con ternura a los que sufren en esta tierra y buscar maneras de construir un país justo, un país en paz. La fe en Cristo nos enseña que vale la pena trabajar por una sociedad más justa, que vale la pena defender al inocente, al oprimido y al pobre, que vale la pena sufrir para atenuar el sufrimiento de los demás.

¡Joven, levántate! Estás llamado a ser un buscador apasionado de la verdad, un cultivador incansable de la bondad, un hombre o una mujer con vocación de santidad. Que las dificultades que te toca vivir no sean obstáculo a tu amor, a tu generosidad, sino un fuerte desafío. No te canses de servir, no calles la verdad, supera tus temores, sé consciente de tus propios límites personales. Tienes que ser fuerte y valiente, lúcido y perseverante en este largo camino. No te dejes seducir por la violencia y las mil razones que aparentan justificarla. Se equivoca el que dice que pasando por ella se logrará la justicia y la paz.
Joven, levántate, ten fe en la paz, tarea ardua, tarea de todos. No caigas en la apatía frente a lo que parece imposible. En ti se agitan las semillas de la vida para el Chile del mañana. El futuro, de justicia, el futuro de la paz, pasa por tus manos y surge desde lo profundo de tu corazón. Sé protagonista en la construcción de una nueva convivencia, de una sociedad más justa, sana y fraterna.

Concluyo invocando a nuestra Madre, Santa María bajo la advocación de Virgen del Carmen, Patrona de vuestra patria. Tradicionalmente a esta advocación han acudido siempre los hombres del mar, pidiendo a la Madre de Dios amparo y protección para sus largas y, en muchas ocasiones, difíciles travesías. Poned también vosotros bajo su protección la navegación, de vuestra vida no exenta de dificultades y Ella os llevará al puerto de la vida verdadera."

(Discurso del Papa Juan Pablo II a los jóvenes en Santiago, Chile)

domingo, 2 de noviembre de 2008

La mediación de María

Unico es nuestro Mediador según la palabra del Apóstol: "Porque uno es Dios y uno el Mediador de Dios y de los hombres, un hombre, Cristo Jesús, que se entregó a Sí mismo como precio de rescate por todos" (1 Tim 2,5-6). Pero la misión maternal de María hacia los hombres, de ninguna manera obscurece ni disminuye esta única mediación de Cristo, sino más bien muestra su eficacia. Porque todo el influjo salvífico de la Santísima Virgen en favor de los hombres no es exigido por ninguna ley, sino que nace del Divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, de ella depende totalmente y de la misma saca toda su virtud; y lejos de impedirla, fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo.

(Lumen Gentium, n°60)

viernes, 31 de octubre de 2008

"Contigo hablo, levántate"

"El hombre puede construir un mundo sin Dios, pero este mundo acabará por volverse contra el hombre. ¡Contra el hombre!" (Reconciliatio et paenitentia, n. 18).

(...) ¡Sólo Cristo puede dar la verdadera respuesta a todas vuestras dificultades! El verdadero mundo está necesitado de vuestra respuesta personal a las palabras de vida del Maestro: "Contigo hablo, levántate".
¡Cuántas energías hay como escondidas en el alma de un joven o de una joven! ¡Cuántas aspiraciones justas y profundos anhelos que es necesario despertar, sacar a la luz! Energías y valores que muchas veces los comportamientos y presiones que vienen de la secularización asfixian y que sólo pueden despertar en la experiencia de fe, experiencia de Cristo vivo.

¡Jóvenes chilenos: no tengáis miedo de mirarlo a Él! Mirad al Señor: ¿qué veis? ¿Es sólo un hombre sabio? ¡No! ¡Es más que eso! ¿Es un profeta? ¡Sí! ¡Pero es más aún! ¿Es un reformador social? ¡mucho más, mucho más! Mirad al Señor con ojos atentos y descubriréis en Él el rostro mismo de Dios. Jesús es la palabra que Dios tenía que decir al mundo. Es Dios mismo que ha venido a compartir nuestra existencia, cada una de ellas. Al contacto de Jesús despunta la vida. Lejos de El sólo hay oscuridad y muerte. Vosotros tenéis sed de vida. ¿De qué vida? ¡De vida eterna! Buscadla y halladla en quien no sólo da la vida sino en quien es la Vida misma. ¡Él!

Este es, amigos míos, el mensaje de vida que el Papa quiere transmitir a los jóvenes chilenos: ¡buscad a Cristo! ¡mirad a Cristo! ¡vivid en Cristo! Este es mi mensaje: "que Jesús sea la 'piedra angular' de vuestras vidas y de la nueva civilización que en solidaridad generosa y compartida tenéis que construir. No puede haber auténtico crecimiento humano en la paz y en la justicia, en la verdad y en la libertad, si Cristo no se hace presente con su fuerza salvadora".

¿Qué significa construir vuestra vida en Cristo? Significa dejaros comprometer por su amor. Un amor que pide coherencia en el propio comportamiento, que exige acomodar la propia conducta a la doctrina y a los mandamientos de Jesucristo y de su Iglesia; un amor que llena nuestras vidas de una felicidad y de una paz que el mundo no puede dar (cf. Jn. 14, 27), a pesar de que tanto la necesita.

No tengáis miedo a las exigencias del amor de Cristo. Temed, por el contrario, la pusilanimidad, la ligereza, la comodidad, el egoísmo; todo aquello que quiera acallar la voz de Cristo que, dirigiéndose a cada una, a cada uno, repite: 'Contigo hablo, levántate' (Mc. 5, 41)."

(Juan Pablo II, discurso a los jóvenes en Santiago, Chile)

miércoles, 29 de octubre de 2008

Devoción popular a María

"Entre los múltiples signos indicativos de la piedad cristiana, la devoción a la Virgen María ocupa un lugar destacadísimo, el que corresponde a su condición de ser Madre de Dios y Madre nuestra. Como aquella mujer del Evangelio lanzó un grito de admiración y bienaventuranza hacia Jesús y su Madre: “¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!" (Lc. 1 1, 27), así también vosotros, en vuestro afecto y en vuestra devoción soléis unir siempre a María con Jesús.
Comprendéis que la Virgen nos conduce a su divino Hijo, y que él escucha siempre las súplicas que le dirige su Madre. Esa unión imperecedera de la Virgen María con su Hijo es la señal más confidencial y fidedigna de su misión materna, tal como nos lo demuestran las palabras dirigidas en Caná: "Haced lo que él os diga" (Jn. 2, 5).

¿Véis cómo la devoción a la Virgen María es un rasgo esencial de la fe y de la piedad cristiana? Es pues natural que esta devoción anide en el alma de este país y que por lo mismo invoquéis a María con expresiones llenas de piedad y de confianza filial porque, además, brotan de los hijos predilectos del Señor: los pobres y sencillos, a quienes Dios ha destinado el reino de los Cielos. (...)

¡Ojalá la devoción popular a la Virgen se mantenga siempre viva en Chile, y en todos los chilenos y chilenas! En vuestra función de primeros evangelizadores, vosotros, padres de familia, habéis de enseñar a vuestros hijos a invocar a María con filial confianza, a recurrir a Ella como auxilio seguro y a imitar su vida como camino hacia el cielo.

Quiero recomendaros, de manera particular, el rezo del Rosario que es fuente de vida cristiana profunda. Procurad rezarlo a diario, solos o en familia, repitiendo con gran fe esas oraciones fundamentales del cristiano, que son el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria. Meditad esas escenas de la vida de Jesús y de María, que nos recuerdan los misterios de gozo, dolor y gloria. Aprenderéis así en los misterios gozosos a pensar en Jesús que se hizo pobre y pequeño: ¡un niño!, por nosotros, para servirnos; y os sentiréis impulsados a servir al prójimo en sus necesidades. En los misterios dolorosos os daréis cuenta de que aceptar con docilidad y amor los sufrimientos de esta vida -como Cristo en su Pasión-, lleva a la felicidad y alegría, que se expresa en los misterios gloriosos de Cristo y de María a la espera de la vida eterna.

(...) En la vida de María, una madre y esposa, aprendamos que en la normalidad cotidiana de nuestros deberes familiares y sociales, cumplidos con mucho amor, podemos y debemos alcanzar la santidad cristiana."

(Discurso del Papa Juan Pablo II en su visita a Chile, en La Serena)

domingo, 26 de octubre de 2008

Oración de Juan Pablo II por los jóvenes

"María, humilde sierva del Altísimo, el Hijo que engendraste te ha hecho sierva de la humanidad.
Tu vida ha sido un servicio humilde y generoso: has sido sierva de la Palabra cuando el Angel te anunció el proyecto divino de la salvación.
Has sido sierva del Hijo, dándole la vida y permaneciendo abierta al misterio.
Has sido sierva de la Redención, permaneciendo valientemente al pie de la Cruz, junto al Siervo y Cordero sufriente, que se inmolaba por nuestro amor.
Has sido sierva de la Iglesia, el día de Pentecostés, y con tu intercesión continúas generándola en cada creyente, también en estos tiempos nuestros, difíciles y atormentados.
A Ti, joven Hija de Israel, que has conocido la turbación del corazón joven ante la propuesta del Eterno, dirijan su mirada con confianza los jóvenes del tercer milenio.
Hazlos capaces de aceptar la invitación de tu Hijo a hacer de la vida un don total para la gloria de Dios.
Hazles comprender que servir a Dios satisface el corazón, y que sólo en el servicio de Dios y de su Reino nos realizamos según el divino proyecto y la vida llega a ser himno de gloria a la Santísima Trinidad
Amen".
(Juan Pablo II)

miércoles, 22 de octubre de 2008

El porvenir de los jóvenes católicos

"...Debemos vivir con ese espíritu de Eucaristía, de unión en Cristo, de elevación sobrenatural en medio de las miserias de la pobre vida humana. Lo que nos pierde es que no pensamos en nuestro destino sobrenatural, que nos olvidamos de la vida divina que hemos recibido en el Bautismo, de Cristo, nuestro hermano, invisible a nuestros ojos, pero presente a nuestro corazón. Y nuestra gran misión es dar a este siglo de materialismo, alejado de la Iglesia, paganizado, el sentido del cristianismo, una visión de eternidad, visión de Cristo, aceptación gozosa de la Cruz, para ser dignos de resucitar con Cristo. Devolver al mundo su sentido sobrenatural, hacerlo consciente de su bautismo, darle el hambre de la Eucaristía.

Cuando tengamos una juventud que viva plenamente su cristianismo, entonces podremos reformar la sociedad. Por eso no me canso de insistir: el primer elemento de nuestra nueva juventud, de esa juventud que está apareciendo como una alborada en nuestra Patria, es persuadirse bien que su primera misión, su primer oficio, antes que estudiante, empleado, obrero, es ser cristiano; obrero cristiano, estudiante cristiano, actuar en forma tal que viéndolo a él todos comprendan la belleza de su vida. Porque Cristo, si volviese a la tierra, no actuaría en otra línea que la suya, con la única diferencia que sus virtudes estarían en el plano de lo infinito.
Que la alegría cristiana, la lealtad, la virilidad, la fuerza... todo eso que significa la palabra Cristo, se refleje en nuestras vidas.
Que nos alimentemos de la Eucaristía, que es Cristo, Cristo viviendo entre nosotros.
Y que en el día perseveremos fieles a la unión divina, lo que se traducirá en obrar como Cristo, mirar las alegrías y los fracasos con los ojos de Cristo, sólo pensando qué haría Cristo en nuestro lugar... ¿Qué haría? ¡Cómo caen por tierra los vicios, lo que nunca Cristo haría!

Con una juventud, aunque sea al principio poco numerosa, no hay temor: sobrepasaremos pronto nuestro estadio de prueba... seremos muchos. Nuestra conquista está asegurada. La verdad atrae, la verdad es irresistible, y el bien enamora los corazones bien puestos; lo que ha faltado en el mundo, hasta ahora, ha sido el signo de Cristo en los corazones cristianos; lo que lo ha de salvar, en el futuro, ha de ser el signo de Cristo bien impreso en los corazones de la juventud.
Los jóvenes se consagrarán con plenitud al apostolado, que no será tomado como una manera de gastar actividades, como un puro dinamismo humano, sino como el desborde del amor de Cristo que lo mueve a incorporar nuevos miembros al Cuerpo místico.

Unidos a Cristo por la meditación de su vida, por la Eucaristía; unidos a los representantes de Cristo que son el Papa, nuestros Obispos y sus delegados, unidos férreamente, indisolublemente, sin que ningún mal entendido pueda disminuir esta unión, construiremos la ciudad nueva, la ciudad cristiana... Ciudad nueva en que cada hombre tiene una misión, misión divina que cumplir, ya sea sacerdocio, matrimonio, trabajo manual; en que cada uno trabaja con la perfección del que hace una obra divina que tiene proyección eterna. Una ciudad cuyo Arquitecto es Cristo, a gloria del Padre en el Espíritu Santo."

(San Alberto Hurtado)

lunes, 20 de octubre de 2008

"Oh María, totalmente buena y llena de misericordia, Soberana, consuelo de los cristianos, el más seguro refugio de los pecadores, el más ardiente alivio de los afligidos, no nos dejes como huérfanos privados de tu socorro. Si somos abandonados por ti, ¿dónde nos refugiaremos? ¿Qué nos sucedería, oh santísima Madre de Dios? Tu eres el espíritu y la vida de los cristianos.
Así como la respiración aporta la prueba de que nuestro cuerpo posee todavía su energía viviente, así tu santísimo nombre incansablemente pronunciado por la boca de tus servidores, en todo tiempo y lugar y de toda manera, es más que la prueba, es la causa de la vida, de la alegría, del socorro para nosotros.
Protégenos bajo las alas de tu bondad.
Sé nuestro socorro por tus intervenciones. Concédenos la vida eterna, tú que eres la esperanza incomparable de los cristianos.

Yo lo sé, tú tienes en tu calidad de Madre del Altísimo un poder igual a tu querer. Por eso mi confianza en ti no tiene límites.
No hay nadie, oh Santísima, que se haya salvado, si no es por ti.
Nadie, oh Inmaculada, se ha librado del mal, si no es por ti.
Nadie, oh Purísima, recibe los dones divinos si no es por ti.
A nadie, oh Soberana, la bondad divina concede sus gracias, si no es por ti."


(San Germán)

sábado, 18 de octubre de 2008

Por su Cruz hemos sido salvados

"¡Qué dicha tener la Cruz! Quien posee la Cruz posee un tesoro" (S. Andrés de Creta). Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para salvar a los hombres. El Hijo de Dios se hizo vulnerable, tomando la condición de siervo, obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por su Cruz hemos sido salvados. "Para ser curados del pecado, miremos a Cristo crucificado", decía san Agustín. Al levantar los ojos hacia el Crucificado, adoramos a Aquel que vino para quitar el pecado del mundo y darnos la vida eterna. La Iglesia nos invita a levantar con orgullo la Cruz gloriosa para que el mundo vea hasta dónde ha llegado el amor del Crucificado por los hombres, por nosotros. Nos invita a dar gracias a Dios porque de un árbol portador de muerte, ha surgido de nuevo la vida. Sí, "venid a adorarlo". En medio de nosotros se encuentra Quien nos ha amado hasta dar su vida por nosotros, Quien invita a todo ser humano a acercarse a Él con confianza.

En efecto, es significativo que, en la primera aparición a Bernadette, María comience su encuentro con la señal de la Cruz. Más que un simple signo, Bernadette recibe de María una iniciación a los misterios de la fe. La señal de la Cruz es de alguna forma el compendio de nuestra fe, porque nos dice cuánto nos ha amado Dios; nos dice que, en el mundo, hay un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que nuestras debilidades y pecados. El poder del amor es más fuerte que el mal que nos amenaza. Este misterio de la universalidad del amor de Dios por los hombres, es el que María reveló aquí, en Lourdes. María invita a todos los hombres de buena voluntad, a todos los que sufren en su corazón o en su cuerpo, a levantar los ojos hacia la Cruz de Jesús para encontrar en ella la fuente de la vida, la fuente de la salvación.

La Iglesia ha recibido la misión de mostrar a todos el rostro amoroso de Dios, manifestado en Jesucristo. Volvamos nuestras miradas hacia Cristo. Él nos hará libres para amar como Él nos ama y para construir un mundo reconciliado. Porque, con esta Cruz, Jesús cargó el peso de todos los sufrimientos e injusticias de nuestra humanidad. Él ha cargado las humillaciones y discriminaciones, las torturas sufridas en numerosas regiones del mundo por muchos hermanos y hermanas nuestros por amor a Cristo. Les encomendamos a María, Madre de Jesús y Madre nuestra, presente al pie de la Cruz.

Jesús, nacido de María, es el Hijo de Dios, el único Salvador de todos los hombres, vivo y operante en su Iglesia y en el mundo. La Iglesia ha sido enviada a todo el mundo para proclamar este único mensaje e invitar a los hombres a acogerlo mediante una conversión auténtica del corazón."

(Homilía del Papa en la Misa con motivo de los 150 años de las apariciones de Lourdes)

jueves, 16 de octubre de 2008

La Oración es indispensable

"María es la mujer de nuestra tierra que se entregó por completo a Dios y que recibió de Él el privilegio de dar la vida humana a su eterno Hijo. "Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Ella es la hermosura transfigurada, la imagen de la nueva humanidad. De esta forma, al presentarse en una dependencia total de Dios, María expresa en realidad una actitud de plena libertad, cimentada en el completo reconocimiento de su genuina dignidad. Este privilegio nos concierne también a nosotros, porque nos desvela nuestra propia dignidad de hombres y mujeres, marcados ciertamente por el pecado, pero salvados en la esperanza, una esperanza que nos permite afrontar nuestra vida cotidiana. Es el camino que María abre también al hombre. Ponerse completamente en manos de Dios, es encontrar el camino de la verdadera libertad. Porque, volviéndose hacia Dios, el hombre llega a ser él mismo. Encuentra su vocación original de persona creada a su imagen y semejanza.

(...) María sale a nuestro encuentro como la Madre, siempre disponible a las necesidades de sus hijos. Mediante la luz que brota de su rostro, se trasparenta la misericordia de Dios. Dejemos que su mirada nos acaricie y nos diga que Dios nos ama y nunca nos abandona. María nos recuerda aquí que la oración, intensa y humilde, confiada y perseverante debe tener un puesto central en nuestra vida cristiana. La oración es indispensable para acoger la fuerza de Cristo. "Quien reza no desperdicia su tiempo" (Deus caritas est). Dejarse absorber por las actividades entraña el riesgo de quitar de la plegaria su especificad cristiana y su verdadera eficacia. En el Rosario, se concentra la profundidad del mensaje evangélico. Nos introduce en la contemplación del rostro de Cristo. De esta oración de los humildes podemos sacar copiosas gracias.

Queridos jóvenes, no tengáis miedo de decir sí a las llamadas del Señor, cuando Él os invite a seguirlo. Responded generosamente al Señor. Sólo Él puede colmar los anhelos más profundos de vuestro corazón.
El servicio a los hermanos y a las hermanas ensancha el corazón y lo hace disponible. En el silencio de la oración, que María sea vuestra confidente. Que María ayude a los llamados al matrimonio a descubrir la belleza de un amor auténtico y profundo, vivido como don recíproco y fiel. A aquellos, entre vosotros, que Él llama a seguirlo en la vocación sacerdotal o religiosa, quisiera decirles la felicidad que existe en entregar la propia vida al servicio de Dios y de los hombres. Que las familias y las comunidades cristianas sean lugares donde puedan nacer y crecer sólidas vocaciones al servicio de la Iglesia y del mundo.

El mensaje de María es un mensaje de esperanza para todos los hombres y para todas las mujeres de nuestro tiempo, sean del país que sean."

(Homilía del Papa en la Misa con motivo de los 150 años de las apariciones de Lourdes)